shame

Título original: Shame
Dirección: Steve McQueen
País: Reino Unido.
Año: 2012
Duración: 101 minutos
Género: Drama
Reparto: Michael Fassbender, Carey Mulligan, James Badge Dale
Guión: Abi Morgan, Steve McQueen
Producción: Iain Canning, Emile Sherman
Música: Harry Escott
Fotografía: Sean Bobbitt
Edición: Joe Walker

Tras innumerables muestras de temor y mensajes casi excomulgatorios respecto a este film, por fin podemos acercarnos a nuestra sala de cine y dar cuenta de cuánto hay de obsceno y pecaminoso en esta cinta.

Brandon (Michael Fassbender) es un afortunado soltero en Nueva York. Atractivo, joven, independiente, con una carrera exitosa, nada ni nadie puede ver más allá y descubrir su oculta adicción al sexo. Desde el flirteo en los vagones de metro, hasta las más fantasiosas orgías, el apetito sexual de Brandon parece no tener límites, o al menos no se detiene hasta la inesperada llegada de Sissy (Carey Mulligan), su hermana pequeña. Dispuesta a aprovecharse de cualquier situación, se instala en casa de su hermano, trastornando lo que parecía una rutinaria obsesión. Llevado al límite, Brandon tiene que enfrentarse al reflejo en su hermana de su propio comportamiento, y es que a veces es extremadamente difícil plantar cara a tales demonios interiores.

Con una corta trayectoria pero un abultado y polémico palmarés – asombrando a crítica y audiencia con cada nueva obra-, Steve McQueen no pierde detalle para describir la decadencia personal de una adicción más. Contando de nuevo con Fassbender tras su primer largometraje, Hunger (2008) – en el que Michael interpretaba a un voluntario del IRA en huelga de hambre – ambos vuelven a retratar una historia cruda y sin edulcorar, accediendo a los límites que ponen en jaque la vida de los personajes, desplazando cualquier atisbo de escándalo a un lugar en el que apenas afecta a la trama.

Pese a los posibles rechazos que haya podido suscitar esta película, tanto la mayor parte de la crítica como de los espectadores, alaban la capacidad de McQueen y Fassbender para hacerse cargo de tan truculenta trama, llegándose a insinuar que una estática moralidad en Hollywood impidió la nominación de la cinta, fundamentalmente a una más que merecida estatuilla para el rol protagonista.

Un perfecto drama para acompañar esta naciente primavera, aunque a este protagonista no se vea afectado únicamente en esta estación por sus alteramientos sanguíneos. Estos impulsos hacia lo adictivo, a calmar su impulsividad con sexo, permite entender una dimensión del amor individual que se aleja mucho de lo que promocionan los grandes almacenes en estas fechas.

Con un protagonista que se debate entre sus encendidas obsesiones y algo parecido a aflicción, una conciencia oculta que le muestra la otra faceta de sus extremos, es difícil saber si al final es la moralidad la que se lleva el gato al agua. Su hermana, convencida de ser otra esclava de otro tipo de perdiciones, no hace más que arrastrar a Brandon a una crisis, que aunque pueda ser o no transitoria, hace temblar los cimientos de su visión de la vida y del amor. Un amor que parece sublimarse en el sexo, pero que se pierde en la confusión de cuerpos y noches. Al fin y al cabo, la película es una revisión de ese Amor profano de Tiziano: una visión canalla, sexual y moderna de un motivo recurrente: las pasiones carnales.

Y quizás esta sea una de las películas más denostadas de este año sin merecerlo, cargando con unos prejuicios que seguro están más imprimidos en los dedos acusadores que en este cuidado trabajo. Sin más, lo que queda es que cada uno nos acerquemos a una butaca para, como buena obra de arte, entender individualmente que Shame es mucho más que sexo. Mucho se sorprenderán de lo verdaderamente vergonzante en esta trama.

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