Espontánea. Así podríamos definir la vigésimo sexta Gala de los Premios Goya, una ceremonia marcada por el nerviosismo, el estrellato y la paz para los malvados. La cinta de Enrique Urbizu ha sido la máxima triunfadora, habiendo obtenido seis de las catorce estatuillas a las que estaba nominada. La Mejor Dirección fue a parar en Enrique Urbizu, legítimo ganador del galardón quien, emocionado, compartió su premio con Pedro (Almodóvar), Benito (Zambrano) y Mateo (Gil), sus rivales directos. También en No habrá paz para los malvados recayó el premio a la Mejor Película del año, así como el de Mejor Actor para un exultante José Coronado, Mejor Guión original, Mejor Montaje y Mejor sonido directo. Menos afortunada fue La piel que habito, ganadora de la Mejor Música Original para Alberto Iglesias, y la Mejor Interpretación Femenina para Elena Anaya, impecable en su interpretación y en su discurso. Blackthorn, ganadora del Goya al mejor Diseño de Producción y de Fotografía, hubo de conformarse con los premios técnicos, no siendo así con Eva, la cual obtuvo el Goya a los Mejores efectos especiales, si bien anteriormente se había hecho valedora del Goya al Mejor director Novel, y el Goya a la Mejor Interpretación Masculina de Reparto para Lluís Homar. La voz dormida no triunfó como se esperaba, aunque en su haber cuente con el Goya a la Mejor Actriz Revelación  para la magnífica María León, así como la Mejor canción original con su embelesadora “Nana de la hierbabuena”.

Una gala dinámica, en ocasiones accidentada aunque impecablemente conducida por la presentadora Eva Hache, ésta no sólo le confirió un estilo minimalista y lúdico, sino también elegante. Sus actuaciones comedidas, sus comentarios amables y su buen hacer dejaron sentadas las bases de una ceremonia innecesariamente alargada, aunque muy visual. Y lo fue porque resultó sensitiva en todos sus aspectos: en los nerviosos movimientos del gran Benito Zambrano, el azul de Marisa Paredes, el rojo de Leonor Watling, el verde de Victoria Abril; y fue visual porque los ojos cobraron una relevancia impensada: los emocionados de Paco León ante el Goya de su hermana; los profundos de Inma Cuesta enfundados en su khôl; los resguardados de Pedro Almodóvar, los centelleantes de Verónica Echegui y los que adornaban el vestido de Eva Hache. Auténtica mirada fue sin duda, la de apoyo y total adhesión que le profirió Antonio Banderas a José Coronado, justo cuando éste fue proclamado vencedor en la categoría en la que ambos competían. Aciaga fue, sin embargo, la inesperada gripe de Josefina Molina, a quien el público hubiera querido escuchar refiriéndose a su experiencia como cineasta.

Si bien hemos dicho que fue eminentemente visual, también resultó emotiva, con la radiante reaparición de Silvia Abascal bien preservada por un escudero de excepción como Miguel Ángel Silvestre, y con el recuerdo in memoriam a cuantos han desaparecido en nuestra industria. Asimismo conmovedor resultó el discurso a tres bandas del Presidente de la Academia, Enrique González Macho, y sus vicepresidentas, instando a la industria a “trabajar con honor y orgullo”. No obstante, quizá el discurso más profundo y sentido, amén de bien hilado (marca de la casa de la autora), fue el de Isabel Coixet al recibir el Goya al Mejor Documental por Escuchando al juez Garzón, cinta que la misma realizadora afirma “haber preferido no hacer”, y en la que pone de manifiesto que ojalá no siempre hubiera “paz para los malvados”, en las propias palabras de la cineasta. En la misma línea discurriría también el discurso de Ana Wagener al recibir su merecido Goya a la Mejor Interpretación Femenina de Reparto.

Finalmente, la gala tuvo un marcado carácter internacional con la presencia de Melanie Griffith y Salma Hayek, y fue la mejor ocasión para reencontrarse con hijos pródigos como Almodóvar o Urbizu, quien tras ocho años enfrascado en un guión redondo, ha demostrado que el cine español es una industria de la que todavía hay mucho por ver.

 

PALMARÉS 

-Mejor película: «No habrá paz para los malavados».

-Mejor director: Enrique Urbizu («No habrá paz para los malavados»).

-Mejor actor: José Coronado («No habrá paz para los malavados»)

-Mejor actriz: Elena Anaya («La piel que habito»).

– Mejor interpretación masculina de reparto: Luis Homar («Eva»).

– Mejor interpretación femenina de reparto: Ana Wagener («La voz dormida»)

– Mejor actriz revelación: María León («La voz dormida»).

-Mejor actor revelación: Jan Cornet por («La piel que habito»).

– Mejor dirección novel: Kike Maíllo por «Eva».

-Mejor guión original: Enrique Urbizu y Michel Gaztambide por «No habrá paz para los malvados».

-Mejor guión adaptado: «Arrugas».

-Mejor largometraje de animación: «Arrugas».

-Mejor documental: Isabel Coixet por «Escuchando al juez Garzón»

– Mejor cortometraje de ficción: «El barco pirata», de Fernando Trullols.

-Mejor diseño de vestuario: «Blackthorn».

-Mejor dirección artística: «Blackthorn».

-Mejor dirección de fotografía: «Blackthorn».

– Mejor dirección de producción: Andrés Santana («Blackthorn»).

– Mejor música original: Alberto Iglesias («La piel que habito»).

– Mejor canción original: «Nana de la hierbabuena», de Carmen Agredano («La voz dormida»).

– Mejor sonido: Licio Marcos de Oliveira e Ignacio Royo-Villanova («No habrá paz para los malvados»).

– Mejor montaje: Pablo Blanco («No habrá paz para los malvados»).

– Mejores efectos especiales: Arturo Balseiro y Lluís Castells («Eva»).

– Mejor maquillaje y/o peluquería: Karmele Soler, David Martí y Manolo Carretero («La piel que habito»).

– Mejor cortometraje documental: «Regreso a Viridiana», de Pedro González Bermúdez.

– Mejor cortometraje de animación: «Birdboy», de Alberto Vázquez Rico y Pedro Rivero.

-Mejor película europea: «The artist»

-Mejor largometraje iberoamericana: «Un cuento chino».

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