No llega antes el que va más rápido,
Sino el que sabe dónde va

Séneca

Cómo pasa el tiempo, ya estamos cerca de octubre, la vuelta al cole, a la Universidad, al trabajo, a nuestra vida. A veces, como ya os he comentado, el cine puede hacernos vivir vidas de una forma vicaria y puede, desde la infancia, dejar una impronta tan fuerte que marque tu historia. Hoy os voy a hablar de algo que ocurrió de verdad, y que nos servirá de ejemplo para comentar el “poder” del séptimo arte.

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Hace algunos años, había una niña a la que le encantaba la película Los perros de mi mujer (1965, Norman Tokar), una producción Disney interpretada por Dean Jones y Suzzane Pleshette. En apariencia es una película sin grandes pretensiones, parece un cuento bonito y amable, muy de la época. Se trata de un matrimonio joven, el de Fran y Mark; ella adora a su perrita Chloé, y la lleva a concursos caninos donde resulta campeona, y así tiene una camada de teckel campeones como su madre. Su marido, celoso de los cuidados a Chloé, se busca un gran danés, que con el tiempo se convertirá igualmente en un “gran campeón”.

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Hasta aquí todo parece de cuento. Pero como ya os anunciaba, esto no cayó en saco roto, y la niña que vio la película quiso siempre ser una criadora de perros y poder exponerlos. Jugaba poniendo cinturones a sus perritos de peluche simulando una correa. Creció y, como todos los niños, fue al colegio, luego a la Universidad y ahora tiene un trabajo; actualmente, con su pareja, tienen su propia vida, y la comparten con otra pareja, pero de perritos. Y como siempre os digo, las cosas que para bien o para mal se aprenden, deben darse salida, pues todos repetimos las vivencias que nos han calado hondo. Por eso, cuando pongáis una película en casa para nuestros niños, intentad estar junto a ellos, para poder explicarles las cosas que no entienden o que malinterpretan, pues puede ser algo que lo lleven en su hatillo de por vida.

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Cuidar de ellos y de sus sueños es cosa de todos, y si algún día los pueden hacer realidad, pues “enhorabuena, porque valió la pena”. Y eso es lo que tenemos que decir, pues la perrita Eclipse ya ha ganado su primer premio, y la niña ya ha hecho realidad su sueño.

Que vuestros mejores sueños se hagan realidad. Os deseo feliz octubre, desde la Mecedora.

Sin olvidar, por supuesto, a Julia Roberts y a Javier Bardem por su Premio Donostia. Enhorabuena.

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