Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito.

Tito Lirio

Queridos amigos de TodoEsCine:

Un placer volver a estar con todos vosotros. Esta vez desde la sección de Canes al cine, ya que hacía bastante tiempo que no tenía ocasión de estar con todos vosotros, amantes de los animales y, en especial, de nuestros queridos canes. Hoy he escogido para analizar la película Los dientes del diablo (1959, Nicholas Ray), basada en la novela El país de las sombras largas, de Hans Ruesch.

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 Fotograma de Los dientes del diablo © 1959 Gray Films, Joseph Janni/Appia Films, Magic Film, Play Art, Société Nouvelle Pathé Cinéma. Todos los derechos reservados.

La historia nos lleva al Ártico, a la región de Alaska, y nos narra la llegada del hombre blanco, su nueva cultura, y el impacto que tuvo en las personas que hacía más tiempo se habían instalado en aquel clima extremo, los esquimales. Es obvio que el golpe del contraste es fuerte, personas que han tenido que sobrevivir durante generaciones a unas temperaturas que impiden vivir hasta a las bacterias. Allí viven Inuk (Anthony Quinn) y Asiak (Yoko Tani), junto a la madre de ésta. Y llegan a un poblado donde las diferencias son palpables; como no se encuentran a gusto con los nuevos inquilinos, se vuelven a su “desierto” particular. A través de ellos se nos van enseñando las costumbres, las formas de comer, cazar, luchar, sobrevivir, nacer y morir, de estas personas que decidieron echarle un pulso a la naturaleza.

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Fotograma de Los dientes del diablo © 1959 Gray Films, Joseph Janni/Appia Films, Magic Film, Play Art, Société Nouvelle Pathé Cinéma. Todos los derechos reservados.

Es una película que nos va a enseñar esto y mucho más. En este caso, la ayuda de los perros. Qué difícil sería todo aquello sin ellos. Los desplazamientos, ellos tiran del trineo, aguantan las bajas temperaturas, hacen una simbiosis entre una especie y otra. Cada uno aporta. Qué unida ha estado la filogenia de estos canes a la del hombre. Se entienden, se necesitan. Todavía hoy en otras latitudes siguen siendo los que llevan los trineos, los que siguen ayudando al hombre.

Desde aquí, un fuerte recuerdo a estos seres tan valientes. Y para esas dos especies que tanto se deben mutuamente y que han luchado contra las inclemencias, tanto esos esquimales como sus canes, recordarles que el esfuerzo resulta más ligero con el hábito.

 Con todo el cariño, desde Canes al cine.

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