Nueve meses. Todo un embarazo fue lo que necesitó el equipo de Blade Runner (1982) para llevar a cabo la preproducción de una película de culto, una película que no trataba de recrear un espacio futuro, sino de anticiparse al tiempo y entregar una porción de la realidad venidera. Philip K. Dick nunca imaginó que la versión parcial de su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) fuera a convertirse en la pesadilla de un equipo de producción capitaneado por Michael Deeley, encargado de dar verosimilitud a un lejano 2019, dominado por la cibernética, la ingeniería genética, los paseos interestelares y la creación de replicantes, los esclavos de nueva generación al servicio del capricho humano.

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Imagen de Blade Runner © 1982 – Ladd Company, The Shaw Brothers, Warner Bros. Distribuida en España por Warner Home Video. Todos los derechos reservados.

Para ello Ridley Scott no reparó en gastos, o no de manera cautelosa, suponiendo un auténtico quebradero de cabeza para el productor Deeley, quien temía los antojos de Scott: “cuando Ridley sacaba un lápiz, suponía cientos de dólares; pero cuando sacaba un bolígrafo, suponía miles de dólares”, llegó a afirmar. El director británico tenía en mente un mundo de ciencia ficción diferente al de Alien, el octavo pasajero (1979), su anterior film, elaborando una proyección de la vida humana en el siglo XXI absolutamente plausible a día de hoy. El propio cineasta ha confesado que el diseñador Syd Mead, se anticipó en Blade Runner al desarrollo urbanístico que hoy en día se puede observar en Tokio o en Shangai. La iluminación de constante claroscuro, el humo permanente, el barroco postmoderno, la desmesura lumínica de neones y escaparates, contrastaban con la necesidad de economizar y de optimizar al máximo el estudio asignado para rodar Blade Runner, un estudio plagado de edificios indefinidos y mundanos que Mead tuvo que maquillar con tuberías, conducciones de aire y aparatos de aire acondicionado para recrear la estética futurista.

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Imagen de Blade Runner © 1982 – Ladd Company, The Shaw Brothers, Warner Bros. Distribuida en España por Warner Home Video. Todos los derechos reservados.

De toda experimentación surgió una película compleja cuyo éxito, sin embargo, tardó en llegar, ya que su temática y su ritmo no acababan de convencer a un público acostumbrado a géneros cinematográficos entendidos como compartimentos estanco. Y es que si bien la historia es un texto de ciencia ficción puro, su tratamiento es mucho más oscuro y filosófico. Rick Deckard (Harrison Ford), es un denominado Blade Runner, un cuerpo especial de agentes encargados de encontrar y “eliminar” a los replicantes, seres creados a imagen y semejanza de los humanos mediante ingeniería genética, con la única salvedad de no llegar a desarrollar vínculos empáticos con otros semejantes. Dotados de mucha más fuerza y sin la menor resistencia moral, los replicantes, especialmente los Nexus-6, son una potencial amenaza para la humanidad, pese a lo cual son empleados como esclavos para las más diversas tareas. Por ello habitan en las colonias exteriores de la Tierra, a donde fueron enviados tras una sublevación. Sin embargo, los replicantes Roy (Rutger Hauer), Leon (Brion James), Zhora (Joanna Cassidy) y Pris (Daryl Hannah), han huido a Los Ángeles, siéndole encomendada a Deckard la labor de encontrarlos y “retirarlos”. Lo que el experimentado Blade Runner no espera encontrar es a Rachel (Sean Young), una replicante experimental capaz de establecer relaciones empáticas, debido a su capacidad de recrear como propios los recuerdos implantados en su mente. Esa memoria afectiva le permitirá trabajar a un nivel emocional insospechado para cualquier Nexus-6 conquistando a un Deckard vulnerable a la belleza de la replicante.

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Imagen de Blade Runner © 1982 – Ladd Company, The Shaw Brothers, Warner Bros. Distribuida en España por Warner Home Video. Todos los derechos reservados.

Esta línea argumental sencilla a priori, se aleja de manera sorprendente del maniqueísmo al que gran parte de las producciones del género conducen. Los sensibles humanos resultan despiadados en sus propósitos y los agresivos replicantes acaban dando lecciones morales de indulgencia, reflexividad y hasta metafísica. La lucha desigual entre buenos y malos se desdibuja, proponiendo reflexiones filosóficas acerca del desarrollo tecnológico, la sociología del urbanismo y la moralidad del ser humano. Esta reflexividad queda ejemplificada en el ya mítico monólogo de Rutger Hauer, cuando señala: “he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

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Imagen de Blade Runner © 1982 – Ladd Company, The Shaw Brothers, Warner Bros. Distribuida en España por Warner Home Video. Todos los derechos reservados.

Con David L. Snyder como director del departamento artístico, y Tom Southwell, Mentor Huebner y Sherman Labby como ilustradores encargados de ambientar Blade Runner, el resultado causó el efecto deseado, una estética cyberpunk con resonancias a la revista Heavy Metal y al futurismo de las tiras de Moebius. Su duro rodaje, en el que se debía trabajar todas las noches, rodeados de un ambiente eléctrico de tensión nerviosa, humo y lluvia artificial, provocó que muchos no quisieran trabajar en el cine nunca más, tal como señala el guionista Hampton Fancher, a pesar de que el impacto de Blade Runner, llega hasta nuestros días. Parte de la repercusión del filme se debe indudablemente al trabajo del compositor griego Vangelis, encargado de una banda sonora legendaria que no ha perdido vigencia ni actualidad.

Y es que el eclecticismo de su estética, la calidad de su planificación, su cuidada música, así como el meticuloso equipo humano que conforma el reparto, hacen de Blade Runner una película de naturaleza perenne. Una película que, lejos de ser lágrimas en la lluvia, nunca se irá de la mente histórica de la cinefilia.

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