Existen películas que sorprenden, películas que caducan con los años, películas que acaban siendo puro divertimento para su autor y películas que no son ni películas. Thalasso (2019) tiene la extraña cualidad de formar parte de las cuatro categorías, pese a que algunas parezcan excluyentes entre sí. Porque Thalasso es, ante todo, un ejercicio paródico, un falso documental trufado de momentos incomprensibles, de situaciones burlescas y de bastante sordidez.

Imagen de ‘Thalasso’ © 2019 Les Films du Worso. Todos los derechos reservados.

Se trata de la secuela de L’enlèvement de Michel Houellebecq (2014), escrita y dirigida por Guillaume Nicloux, en la que narraba el supuesto rapto del novelista Michel Houellebecq, quien se interpreta a sí mismo como el autor secuestrado. Aunque en aquella ocasión el guion le granjeó a Nicloux el premio del Festival de Cine de Tribeca, con Thalasso no alcanza el grado de originalidad y depuración que obtuvo con la precuela, si bien sigue ofreciendo una muestra del buen estado de su engranaje creativo.

Imagen de ‘Thalasso’ © 2019 Les Films du Worso. Todos los derechos reservados.

Coescrito en colaboración con Daria Panchenko, en esta ocasión Guillaume Nicloux nos coloca en Cabourg (Normandía), en un centro de terapias saludables y búsqueda del bienestar. Allí recala Michel Houellebecq, el escritor que fue secuestrado hace cinco años. Ha sido internado para someterse a un escrupuloso tratamiento de talasoterapia, consistente en inquebrantables actividades depurativas y regeneradoras. Sin embargo, Houellebecq no lleva bien su encierro en el centro; es más, no lo soporta. Le restringen el consumo de alcohol y le prohiben probar cualquier dieta apetitosa o fumar tabaco, lo cual eleva aún más su nivel de estrés. El régimen impuesto por la nutricionista le resulta estrambótico y el cumplimiento de esos horarios espartanos le hacen querer huir de allí a marchas forzadas.

Imagen de ‘Thalasso’ © 2019 Les Films du Worso. Todos los derechos reservados.

En su tormento saludable tendrá un compañero de lamentaciones, Gérard Depardieu, quien también está interno para una cura détox, pero cuya habitación se convierte en una particular delegación de estraperlo bañado en vino tinto, aderezado con tabaco, queso curado y foi. Con Depardieu, la estancia en Cabourg será mucho más amable para Houellebecq, a pesar de que las duchas heladas con manguera, los barros, las aguas termales y la crioterapia no acaben de encajar en sus planes de vida.

Imagen de ‘Thalasso’ © 2019 Les Films du Worso. Todos los derechos reservados.

La aparente tranquilidad del centro se descolocará con la llegada de sus secuestradores, con quienes parece mantener una estrecha relación de amistad. En esta ocasión, Mathieu (Mathieu Nicourt) llega para indicarle que su madre, de ochenta años, ha huido abandonando a su padre, solicitando a Michel su ayuda para encontrarla. Junto a ellos estará su pareja Daria (Daria Panchenko), una vidente que duda de la franqueza de Houellebecq, y también Maxime (Maxime Lefrançois) y Luc (Luc Schwarz), quienes se presentarán en el centro terapéutico para repartir justicia a su manera violenta, hilarante y surrealista.

Imagen de ‘Thalasso’ © 2019 Les Films du Worso. Todos los derechos reservados.

Presentada en la Sección Oficial de Festival de San Sebastián, quizá en un año ingenuo y ordenado como 2019 esta cinta haya podido causar sensación, pero la cadena de acontecimientos inesperados y aun bizarros que han trufado 2020 invitan a ver con nuevos ojos la cinta más caótica de Guillaume Nicloux.

Quizá su punto fuerte, amén de la fotografía deliberadamente realista de Christophe Offenstein, sea su capacidad de invención, su determinada búsqueda del desconcierto y la extrañeza que causan sus diálogos, su argumento y su propio planteamiento.

Imagen de ‘Thalasso’ © 2019 Les Films du Worso. Todos los derechos reservados.

Auténtica demencia cinematográfica firmada por un autor provocativo, Thalasso adquiere una dimensión inaudita y hasta cómica con el paso del tiempo, la cual hace olvidar la grosería de algunos comentarios, su posicionamiento político o su final grotesco, atropellado y peregrino.

Una película que, en definitiva, merece ser vista al menos una vez en la vida, aunque solo sea para ratificar que el cine, en todas sus formas, todavía tiene mucho que deconstruir y que contar.

 

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