Año 1942, 26 de noviembre, en la iconográfica ciudad de Nueva York tiene lugar la premiere de una cinta que, pese a haber sido rodada sin darle gran importancia, resultaría ser uno de los films preferidos del público y  de la crítica, convirtiéndose en una de las películas de referencia más homenajeada tanto en publicidad como en otras obras cinematográficas en las que se evocan algunas de sus famosas escenas. En el guión, basado en la obra de teatro inédita de Joan Alison y Murray Burnet Everybody Comes to Rick’s, hay frases tan míticas que ya forman parte del imaginario colectivo como “Siempre tendremos París”, “Yo no me juego el cuello por nadie”, “Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad” o una de las más famosas “Tócala otra vez, Sam” que en realidad en ningún momento aparece, es una cita  apócrifa.

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Imagen de Casablanca. Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

Se trata de Casablanca que  acaba de cumplir su setenta aniversario y que el mundo entero lo ha celebrado por todo lo alto con numerosos especiales y reestrenos. En su momento fue concebida como una obra menor, iba a ser un rodaje rápido, por ello se lo encargaron finalmente a Michael Curtiz, un director muy ágil capaz de terminar proyectos en tiempo record, habiendo tenido entre sus manos algunas de las mejores de la Warner Brothers como la magnífica Robín de los bosques (1937). Fue Casablanca la que lo premió con un Oscar de los tres con los que fue galardonada, los otros dos fueron para la propia película y para el guión.

Inicialmente, el productor Hal B. Wallis había pensado en William Wyler como realizador de la cinta, y en Ann Sheridan y Ronald Reagan para encabezar el reparto. Pero el cambio de director conllevó  el de los protagonistas, seleccionando una opción más acertada: Ingrid Bergman y Humphrey Bogart. La obra encumbraría definitivamente al segundo.

La historia de amor entre Rick e Ilsa acontece en tiempos convulsos, en plena Segunda Guerra Mundial, el trasfondo bélico y la destrucción parecen prolongarse hasta el idilio de unos personajes destinados a amarse en la distancia. El romanticismo es narrado con  unas imágenes que hacen uso de grandes claroscuros y de juegos de miradas entre los amantes, que paulatinamente, de forma dosificada, cuentan al espectador la relación pasada entre ambos. Los diálogos son sobrios y contundentes, citas universales que crean en conjunto una cinta que pese a cumplir setenta años no está desfasada, y aunque como su canción reza “El tiempo pasará”, ella continúa  vigente. Su grandiosa despedida entre la niebla con esos planos cortos y los sobreros de medio lado de los protagonistas es sobradamente conocida, todos la hemos vivido.

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Imagen de Casablanca. Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

La renuncia de Rick hacia Ilsa, es un acto heroico sublime, pues el héroe sacrifica algo tan vital como el amor de su vida por la causa, por una guerra que había abandonado. Dejando de lado esa falsa postura cínica que adopta para autoprotegerse y no verse de nuevo con el corazón roto, revelando lo que en realidad es, un hombre sentimental que siempre luchará por los desfavorecidos, aunque ello vaya en un envoltorio de tipo duro sin escrúpulos, es sólo una fachada pues sus labios son los que pronuncian joyas como: “Un día así no se olvida. Los alemanes iban de gris y tú ibas vestida de azul”.

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