En la vida real, los milagros no suceden todos los días; esos milagros complicados que hacen cambiar de rumbo y que varían la percepción acerca de lo humano y lo divino, no son, desafortunadamente, ni frecuentes ni abundantes, ni tan siquiera en Navidad. Estos milagros increíbles, milagros de cine, son sin embargo obligados en la ficción, una ficción que se nutre de la excepción para convertirla en norma. Muchas han sido las películas que han mostrado una transformación prodigiosa de sus personajes, unos puntos de giro que más que virar la dirección, cambian la vida. Estas efusiones argumentales suelen ser, las más de las veces, bienintencionadas y poco sutiles, cuando no directamente evidentes, aunque haya películas en las que el mensaje, por poco velado que sea, sí constituye una suerte de moralina universal, una moraleja que, no por evidente, deja de ser necesaria en esa descreída vida real.

Maureen O'Hara and Edmund Gwenn in a scene from MIRACLE ON 34TH STREET, 1947.

Imagen de Miracle on 34th Street © 1947 Twentieth Century Fox Film Corporation. Distribuida en España por Twentieth Century Fox. Todos los derechos reservados.

Miracle on 34th Street (1947, George Seaton), es una de esas películas emblemáticas que la sociedad ha otorgado el beneficio de la duda, entendiéndola más como una filosofía de vida, que como un cuento de Navidad. Escrita por Seaton basándose en la idea original de Valentine Davis –quien meses más tarde novelizaría el argumento convirtiéndolo en best-seller-, la historia narra la vida de Doris Walker (Maureen O’Hara), una importante empleada de Macy’s, encargada de llevar a buen puerto las carrozas de los grandes almacenes durante el desfile de Acción de Gracias. Con una hija a su cargo, cientos de detalles que ultimar y un Santa Claus ebrio, su mejor decisión será contratar a Kris Kringle (Edmund Gwenn), un amable hombre de fisionomía navideña que hará a la perfección las veces de Santa Claus. Tras el desfile, Doris llevará al hombre a la tienda neoyorkina, situada exactamente en la calle 34, donde le confesará con convencimiento que él es el auténtico Santa Claus.

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Imagen de Miracle on 34th Street © 1947 Twentieth Century Fox Film Corporation. Distribuida en España por Twentieth Century Fox. Todos los derechos reservados.

Pero Doris es escéptica, lo es desde niña, cuando los cuentos de hadas y las ensoñaciones de princesas le hicieran precipitarse contra la realidad. Por ello aleja a su hija Susan (Natalie Wood) de todo atisbo irracional. Los cuentos no son ciertos, las hadas nunca han existido y, por descontado, tampoco Santa Claus. Este pensamiento, que en la mente de Susan se convierte en raciocinio matemático, hace de la niña una persona muy madura e inteligente, ágil en la conversación y suspicaz, a pesar de que su apertura natural hacia lo extraordinario sea un verdadero quebradero de cabeza para su madre. El único que parece entenderlo es Fred Gailey (John Payne), vecino de Doris, abogado y enamorado de la mujer desde hace años. Él es idealista, un soñador; aunque el choque contra las ideas racionales de Doris le parece provocador, siente que Susan está perdiendo la magia en su vida y, con ella, lo mejor que tiene la infancia. Por eso conduce a la niña a Macy´s sin titubeos y, una vez dentro, hacia la casa de Santa Claus. Allí les descubre Doris, quien se mostrará indignada por las ideas que tanto su vecino como Kris, han introducido en la mente de la pequeña. Por ello decide despedirle aunque no le sea permitido, ya que sus extravagantes estrategias de marketing han conseguido que Macy´s duplique sus ventas.

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Imagen de Miracle on 34th Street © 1947 Twentieth Century Fox Film Corporation. Distribuida en España por Twentieth Century Fox. Todos los derechos reservados.

Temeroso de que Kris tenga algún problema mental, su propio jefe le recomienda no perderle de vista, debiendo pasar Nochebuena con el hombre que se cree Santa Claus. Naturalmente, la noticia es bien recibida por Susan, quien pone a prueba al anciano confesándole el único regalo que no ha escrito en su carta: tener una casa con jardín en las afueras. Por supuesto, hacer este tipo de regalos es complicado, incluso para Santa Claus. Después de una larga hilera de complicaciones y de un juicio contra Kris Kringle por fraude, Doris comienza a creer que tal vez las líneas de la racionalidad pierden a veces las fronteras, comprendiendo que el idealismo, aunque sobre todo la fe y la confianza en los demás, deben formar parte ineludible de la vida.

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Imagen de Miracle on 34th Street © 1947 Twentieth Century Fox Film Corporation. Distribuida en España por Twentieth Century Fox. Todos los derechos reservados.

Titulada en España como De ilusión también se vive, este filme lleno de buenas intenciones y frases para el recuerdo, se ha convertido en la película por excelencia de la Navidad. Ganadora de tres Oscar, incluidos los de Mejor actor secundario (Edmund Gwenn), Mejor argumento (Valentine Davis), y Mejor guion adaptado, la cinta tiene en su haber el privilegio de ser una de las dos únicas películas navideñas nominadas a Mejor Película del año (junto con La mujer del obispo, también de 1947).

Sin embargo, si algo se puede decir de Miracle on 34th Street es, a pesar de sus debilidades argumentales o inexactitudes temporales –el propio fundador de Macy´s sale vivo setenta años después de su muerte-, es su extraordinaria capacidad de generar empatía generación tras generación. La presencia de una pequeña y al mismo tiempo grande Natalie Wood, la magnética Maureen O’Hara y el siempre sugerente John Payne, hacen el resto. La lucha entre racionalismo e idealismo, entre sueños y realidad es en verdad accesorio, si tenemos en cuenta que Miracle on 34th Street es, con diferencia, el espíritu de la Navidad. Aunque sea la cinematográfica.

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