La Navidad es una de las épocas más mágicas del año y pese a su frío clima está llena de calidez, luces, campanillas y canciones. Las buenas intenciones nos rondan a todos, aunque en ocasiones pasen de largo. La Navidad es la temporada de los cuentos, de las largas noches leyendo a Dickens y, por supuesto, de las películas de Disney, entre las que no puede faltar la magnífica historia de Mary Poppins (1964, Robert Stevenson). Una de las cintas que más satisfacciones trajo a la productora, tanto público como crítica estuvieron de acuerdo, obteniendo unos bien merecidos cinco Oscar.

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Imagen de Mary Poppins © 1964 Walt Disney Productions. Distribuida en España por Buena Vista Home Entertainment. Todos los derechos reservados.

En el Londres de 1910, en la calle Cerezo número 17, habita la familia Banks. George, el cabeza de familia, es un rígido y conservador banquero incapaz de escuchar a nadie, sintiéndose molesto con la sola presencia de sus hijos. Cree que su verdad y conocimientos son los únicos aceptables, infravalorando continuamente a su mujer, una moderna y luchadora sufragista que tan sólo coincide con el carácter de su marido a la hora de desentenderse de sus hijos, Jane y Michael, quienes lo único que buscan es la aceptación y cariño de su padre. Aburridos ante las insulsas y rígidas niñeras demandan por carta a una muy especial. A la llamada y para solucionar esta situación, volando desde el cielo con el viento del este, acude Mary Poppins, perfecta en todo lo que hace. La institutriz mágica de Disney está basada en una serie de libros de título homónimo escritos por Pamela Lyndon Travers (1899-1996). El personaje de Mary, interpretado por Julie Andrews, se englobaría dentro de la tipología de hada buena, siendo un personaje sobrenatural y benefactor con la misión de proteger y ayudar a quienes la  necesiten, Jane y Michael Banks en este caso. Mary, a lo largo de una semana, adentrará a unos niños que viven en una casa carente de imaginación y con rígidas normas, en diferentes aventuras mágicas, siempre acompañada de su buen amigo Bert (Dick Van Dyke). Como marca de la casa en la factoría Disney son muy habituales los personajes de animales humanizados, como el  emblemático ratón Mickey, lo cual en el mundo mágico de la niñera no podía faltar. Así imagen real y dibujos animados se mezclan cuando los cuatro (la niñera, su amigo y los dos niños) se introducen en un cuadro. Solo en ese universo paralelo, al otro lado de la pintura, las tortugas, los pingüinos y el zorro hablan y son entendidos por todos los seres humanos. En el mundo real la habilidad de comunicarse con animales no dibujados es algo exclusivo de Mary, quien mantiene una conversación con Angus, un pequeño terrier, y con un pájaro. En los cuentos escritos como en los cinematográficos el don de la  comunicación con la naturaleza únicamente la poseen personajes mágicos, en la mayor parte de las ocasiones son benefactores que vienen a solventar problemas, como Jack (Tom Cruise) en Legend (1985, Ridley Scott) o Gandalf en El Señor de los anillos (2001, Peter Jackson). Sin embargo, si la comunicación se realiza con animales tales como alimañas u otro tipo con connotaciones negativas, el personaje pasará a ser el antagonista del héroe o de cualquiera  que sea positivo constituyendo un obstáculo para ellos y su fin. Algo muy común son las brujas malignas, hechiceras, que tienen como esbirros y espías a los cuervos.

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Imagen de Mary Poppins © 1964 Walt Disney Productions. Distribuida en España por Buena Vista Home Entertainment. Todos los derechos reservados.

Bert es el otro personaje benefactor que ayudará y acompañará a los niños en sus aventuras. Él es quien debe hacer empatizar a padres e hijos, como cuando Jane y Michael huyen del banco de su padre y, perdidos por la calles de Londres, Bert los encuentra y lleva a casa. En ese viaje físico de regreso al hogar se realiza otro psicológico en el que los dos hermanos, gracias a su amigo, comprenden la presión a la cual está sometido su padre y el porqué de su comportamiento. El deshollinador es quien los adentra en el último viaje mágico, el que realizan a través de la chimenea, dándoles una visión muy diferente de la ciudad, la que se divisa desde los tejados. Y esta es en definitiva la misión de Bert, hacer que los personajes tengan otros puntos de vista, abrir sus mentes. Como sucede cuando, de regreso de las chimeneas, le revela a George lo que le sucederá en un  futuro, sus hijos crecerán, se emanciparán  y él se lo habrá perdido todo. George trabaja en un lugar  en el que la alegría y la imaginación no tienen cabida, el banco y sus moradores se muestran como la antítesis al mundo de Mary. Es un espacio triste sin decoración ni colorido, el negro y el rojo son los colores dominantes, es un habitáculo sin luz, claridad ni ventanas, con una atmósfera densa, con habitantes avaros y grises, como el dueño el Sr. Dawes senior, un anciano egoísta y usurero, interpretado también por el camaleónico Dick Van Dyke. Con la llegada de la institutriz todos los problemas de la familia se solucionan, incluso las dos cocineras son capaces de entablar amistad. Mary es la solución para todo. Tras una semana,  según lo previsto, cambia el viento y debe partir para ayudar a otros niños. Tras su marcha la familia, feliz y reunida, inicia  el último baile y canción del film. Sin despedirse de ella emprenden la salida al parque, como si no hubiera pasado por sus vidas, en un acto que demuestra el egoísmo que los seres carentes de magia, los humanos, poseen.

Así resulta la película de Mary Poppins, un argumento sencillo para una gran cinta repleta de imágenes memorables, como la inolvidable  coreografía del baile realizado por los deshollinadores en un bosque de chimeneas londinenses. Y es que la grandeza de una película y una trama complicada no van siempre de la mano.

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