El pozo de la providencia es profundo.
Son los cubos que llevamos hasta él los que son pequeños.
Mary Webb

Queridos amigos de Canes al cine:

Un placer volver a estar con todos vosotros. Hoy me gustaría hablaros de una película cuyo guión se puede abordar de muy diversas maneras, y del que se pueden obtener muchas conclusiones, pero nos vamos a ceñir, en esta ocasión, a lo que ataña a esta sección, los canes. Se trata de Semen, una historia de amor (2005, Inés París, Daniela Ferjerman).

La historia nos presenta a un padre y a un hijo que, por cierto, también lo son en la vida real, una saga de maravillosos actores cuyas interpretaciones dan la posibilidad de recrearse, estamos hablando de Héctor y Ernesto Alterio. Como además este mes Todo Es Cine nos lleva a Argentina y ambos comparten esta procedencia, disfrutaremos en este film de su magnífico trabajo.

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Imagen de Semen, una historia de amor – Copyright © 2005 BocaBoca Producciones y Future Films Limited. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos reservados.

Esta pareja compuesta por Serafín padre y Serafín hijo (Héctor y Ernesto Alterio respectivamente), viven de una manera muy peculiar; al padre le sobrevino una fuerte depresión tras ser abandonado por su esposa, dejándole al cuidado de su pequeño. Él que había sido hombre del tiempo en televisión, ve truncada su vida, resolviendo vivir metido en su cama para no saber nada del mundo. A su vez Serafín hijo trabaja en una clínica de fecundación in vitro, donde se enamora de Ariadna (Leticia Dolera) una paciente que acude a la clínica para tener un niño. Juntos vivirán una bonita aunque extraña relación, llena de peripecias, muy al estilo de Amélie, con colores llamativos, encuadres originales y surrealismo. Pero aquí nos vamos a detener. Porque aquí encontramos a Viernes, un perro que Ariadna ha adoptado y que Serafín teme que haga daño a su embarazo. Para evitar que le pase algo a su bebé se lo lleva a su casa. Sin embargo, sucederán muchas peripecias, algunas no tan buenas, optando al final por hacer lo mismo que hizo su padre, emulándole se metió en la cama para olvidar sus tristezas. Viendo el padre que el perro estaba entre tanta “depresión”, entendió que había que sacarle y darle de comer. Se puso el abrigo encima del pijama, con gorrita incluida, y salió a dar los primeros pasaos hacia la vida. Le costó bajar las escaleras del portal, pero esos primeros pasos le llevaron a la libertad. Fue reconocido por un camarero, quien le preguntó cómo veía el tiempo y si creía que iba a llover. Él, como todo lo veía de color negro, se lo dice, evitando que el camarero ponga en la terraza las sillas y las mesas por miedo a que se estropee con la lluvia. Y llovió. Tanto, que ahora Serafín padre sale todos los días al bar para hablar con sus nuevos amigos, como si nunca se hubiera metido en esa cama, en esa cárcel.

Es una película divertida y, si le quitamos el prejuicio del título, vemos muchos matices. No obstante, cuántas personas nos pueden decir que sus perros les han salvado la vida. Muchos. Gente que no hace sus actividades por ellos, pero que por sus mascotas se levantan y vuelven a dar ese primer paso tan importante.

Espero que os guste y que entendáis el mensaje, los amigos de los animales saben lo importante que es esta amistad para los dos.

La providencia, a veces, está en nuestra casa.

Con todo el cariño, desde Canes al cine.

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