En el otoño del año 2011, tuve por primera vez en mis manos el libro de William L. Gresham, El callejón de las almas perdidas. En estos diez otoños lo he releído y, vuelta a empezar, hace dos meses con motivo de la película de Guillermo del Toro. Siempre me pareció un libro que nos explica la maldad del hombre para el hombre y el sentido circular de la vida a través del ocultismo, la fatalidad y, en definitiva, de la conciencia. Nos habla de un destino no tan subjetivo, porque el destino lo forja el mismo hombre con sus pensamientos que no por designio de las estrellas. 

Imagen de la versión de Guillermo del Toro de ‘El callejón de las almas perdidas’ © 2022 Searchlight Pictures.  Distribuida por Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados.

En la adaptación de la novela por parte de Edmund Goulding en el año 1947, a pesar de tener que sortear con la censura de la época, el guion de Jules Furthman (Rio Bravo, The Big Sleep, Solo los ángeles tienen alas…) construye una película sombría en el trazo psicológico de los personajes, no tanto por sus actos, como por sus pensamientos. Una interpretación de los actores de enorme carga simbólica, psicológica (Tyrone Power, Joan Blondell, Coleen Gray), donde los actos eran el resultado de luces y sombras del alma de los embaucadores, feriantes, psicoanalistas y hombres trashumantes de cualquier condición, retratados con pulso firme por Lee Garmes en su cámara expresionista de alarmante angustia vital. Un plano más un claro oscuro suma un relato psicológico. No me pareció descender a estados fílmicos de efecto visual, desgranados de procesos argumentales que nos condujeran a conclusiones del guion inconsistentes. Todo lo contrario. Las secuencias se construían unas con otras en un proceso explicativo de tragedia existencial, donde ninguna de ellas quedaba aislada de la totalidad integral de la película. Una totalidad de equilibrio fílmico entre imagen y guion. La fotografía en blanco y negro mostraba el alma de los personajes, era una impresión que se captaba a través de los encuadres, de escaso efecto pero acentuado simbolismo. Debemos recordar que Goulding no era “cualquiera” del star system clásico, aunque el tiempo se haya olvidado y, ahí tenemos su Gran Hotel de 1932, Amarga Victoria de 1939 y El Filo de la Navaja de 1946, tres títulos imprescindibles en su dilatada carrera.

Imagen de ‘El callejón de las almas perdidas’ © 2022 Searchlight Pictures.  Distribuida por Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados.

Reconozco que he esperado con verdadero entusiasmo la película de Guillermo del Toro del 2021 y su peculiar Callejón de las almas perdidas. Tristemente salí algo decepcionado. Me pregunté que podía haber hecho este realizador contemporáneo con un texto rotundo y quizás una buena directriz, a modo de guía, de la cinta de Goulding. Pero, como ya sabemos, la clave de una buena película es el guion y la llave los actores.

 A mi modo de ver, el guion está construido como una simplificada narración de la novela no llegando a ser un guion fílmico, más bien una simple guía de rodaje.

Imagen de ‘El callejón de las almas perdidas’ © 2022 Searchlight Pictures.  Distribuida por Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados.

En primer lugar, la historia de Grisham no es una trama múltiple si no una historia circular, donde ese monstruo que explotamos y llevamos dentro, termina por devorarnos; “El hombre es un lobo para el hombre”. Del Toro guioniza tramas múltiples con las vidas de sus personajes que luego, evidentemente tiene que fundir en una totalidad, y ahí reside el problema. La cinta se tiende a confundir con diferentes videos clips de potente riqueza visual y frases grandilocuentes que no están reforzadas, ni por la secuencia estratégica que construye emociones específicas, ni por la interpretación de los personajes. El resultado es una película muy vistosa visualmente, sus encuadres, la dirección artística, el propio universo onírico del director que ya conocemos muy bien a través de El laberinto del Fauno y La forma del Agua, con un exceso de metraje, el cual no está estructurado con el guion, llevándonos de viaje desde el Gore hasta el cine negro, en una confusión estructural. El espectador que conoce la novela, creo que difícilmente encuentra en la película los motivos que conducen al embaucador a lo largo de su vida. La maldad esta camuflada bajo el disfraz de los personajes, da la impresión que Cate Blanchett se disfraza más que actua, al igual que los personajes planos de Bradley Cooper y la linealidad de Rooney Mara.

Imagen de ‘El callejón de las almas perdidas’ © 2022 Searchlight Pictures.  Distribuida por Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados.

No cabe duda que la producción de la película del Del Toro, es de una ambición enorme. Es un asunto francamente difícil, sobre todo cuando ya poseemos un modelo clásico, certero, simplificado y cargado de psicología en el guion y en la interpretación de los actores. Basta con comparar la evolución interpretativa de Coleen Gray y Rooney Mara. Ese gran Stanton hubiera necesitado, al menos de un Michael Fassbender (Macbeth), de la camaleónica Emma Stone, en fin, los actores de reparto quizás entienden mejor el sentido de sus personajes que se integran unos con otros poniendo en marcha “el mecanismo de la feria”.

Imagen de ‘El callejón de las almas perdidas’ © 2022 Searchlight Pictures.  Distribuida por Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados.

De cualquier manera, para el espectador que no conozca la novela y la película clásica, la obra de Guillermo del Toro les resultara fascinante, por la propia complejidad de muchas de sus imágenes, por el carácter imaginario y oculto, seña de identidad del autor, y por una historia digna de un contexto crítico plagado de descreencia, donde se vuelven a reeditar los clásicos de la literatura fantástica y el ocultismo emerge como respuesta a una falta de trascendencia.

Me pregunto que hubiera realizado nuestro J. Bayona con esta historia y este presupuesto. Quizás la próxima. 

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