Hace calor y las calles están atestadas de gente. En el lobby del hotel URSO, en pleno barrio de Malasaña, se encuentra el mejor refugio para la canícula, la polución y el ruido. A pocos pasos de la entrada se encuentra Christian Clavier, quien parece ajeno al sopor con su actitud pausada e inconmovible. El intérprete, célebre por comedias como Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?, Astérix y Obélix y, sobre todo, Los visitantes ¡no nacieron ayer!, luce una chaqueta y un pantalón beige, con una impoluta camisa blanca que resalta lo moreno de su piel. Al mirarle, nadie diría que estamos en un verano abrasador; es más, parece recién llegado de la Riviera Francesa, aunque seguramente sería más apropiado hablar de las islas Baleares, el enclave paradisíaco donde transcurre su nueva película, Verano en Ibiza, escrita y dirigida por Arnaud Lemort.

Imagen de ‘Un verano en Ibiza’ © 2019 Nicolas Schul – Atelier de Production, Gaumont. Distribuida en España por A contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

Me acerco a él a tientas, procurando no pisar los innumerables cables que conectan las cámaras. Sobre la mesa de café reposa Cinco moscas azules, libro de Carmen Posadas publicado hace ya algunos años. Me pregunto por qué estará allí mientras repaso la hilera de vasos de agua vacíos que aguardan en la mesa. Definitivamente, también Clavier tiene calor. Extiende la mano y aprieta la mía con fuerza mientras me clava los ojos, ahora completamente atentos a los míos. Hace unos segundos, apenas un par, se encontraba revisando su teléfono móvil. Observo de reojo su pantalla y me percato de que los mensajes son incesantes y tantean de continuo la atención. Pero Clavier es un profesional curtido, esquiva el flujo de notificaciones y se enfoca por completo en nuestra entrevista.

Nuestra compañera Lucía Tello Díaz con Christian Clavier, protagonista de ‘Un verano en Ibiza’

Al verle le confieso que, habiendo cursado él algunas asignaturas en el Instituto de Estudios Políticos, ser actor de comedia es, de lejos, mucho más saludable para la ciudadanía que la política. Sonríe con rostro pícaro y asiente alternativamente. Mientras confirma mi premisa, apunta: “En realidad, no he hecho grandes estudios de Ciencias Políticas, solo un poco, porque inmediatamente lo cambié todo por el teatro y por el espectáculo”.

Hablamos de la comedia, el género al que ha encomendado por completo su carrera, y con ello descubro que la interpretación cómica no es solo una vocación para Clavier, sino una forma de vida: “Hacer comedia me gusta y es un placer. Se me reveló desde muy joven. Lo primero que descubrí fue que era capaz de llamar la atención de la gente haciéndola reír. Y esto, cuando uno es joven, se antoja como un poder extraordinario. Pero, por otro lado, no se puede olvidar que vengo de Francia, un país donde hay muchos autores de comedia. Pensemos en Molière, en Georges Feydeau (creador del vodevil), o incluso en Jean Poiret. Y la comedia también es un don. Es totalmente extraordinario”.

Imagen de ‘Un verano en Ibiza’ © 2019 Nicolas Schul – Atelier de Production, Gaumont. Distribuida en España por A contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

Mientras escucho a Clavier, no puedo evitar reflexionar acerca de la comedia francesa, sobre su capacidad incombustible de narrar historias cotidianas, locales y, al mismo tiempo, alcanzar a públicos universales: “¡Efectivamente!” me responde con efusividad: “Es que cuanto más local es la historia, mejor funciona. Es raro ¿verdad? Pero cuanto más francesa es una comedia, más triunfa en el extranjero. Y cuando queremos hacer algo internacional, no se hace bien. Los franceses son muy arrogantes, les gusta hablar de ellos”. Sonrío mientras argumenta, me consta que, aunque el retrato del cine francés sea negativo, sus películas siempre tienen un resultado positivo. Clavier se da por vencido y sentencia: “Es cierto. Qué le vamos a hacer, es la paradoja francesa”.

Imagen de ‘Un verano en Ibiza’ © 2019 Nicolas Schul – Atelier de Production, Gaumont. Distribuida en España por A contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

Juntos hacemos un repaso a la gran cantidad de cineastas de comedia que ha dado Francia, un país que respeta la comedia como un género cinematográfico de primera magnitud: “Sí, es verdad, tenemos una cultura distinta. En realidad, nuestra cultura es muy profunda y conlleva una suerte de drama, pero, al mismo tiempo, poseemos unos actores que son capaces de ser muy buenos en la comedia. Hay mucho humor en nuestro país. Pero esto también viene de nuestra relación con la muerte. Esta relación está enmascarada en Francia. Pensemos en Moliére, por ejemplo, que es un genio mundial. Cuando representa El enfermo imaginario retrata a un hombre enfermo, pero hace reír con ese dolor, con ese mal”.

Ahora soy yo quien asiente, mientras Clavier entronca esta tendencia con nuestro país: “Pedro Almodóvar también lo hace, hay en él una dimensión cómica extraordinaria. Su última película, Dolor y gloria, es muy interesante. Por ejemplo, introduce una escena que podría ser calificada como ‘típicamente francesa’. En ella el protagonista (Antonio Banderas) está en el cuarto con su madre ya mayor (Julieta Serrano). Aunque ella está enferma y no anda bien, le propone dar una vuelta por el pasillo del apartamento. Esto para ella ya es todo un reto. Mientras van caminando, que es una situación dramática, ella le recrimina que haya sido muy mal hijo, y siguen caminando mientras ella critica su comportamiento”. Ambos reímos, efectivamente, es una escena formidable: “Sí, es una réplica terrible, dramática y, a la vez, divertida por lo que implica de ruptura. Eso es típicamente la comedia”.

Imagen de ‘Dolor y gloria’ © 2019 El Deseo. Distribuida en España por Sony Pictures Entertainment (SPE). Todos los derechos reservados.

Con la conversación instalada en territorio español, comenzamos a hablar de Vacaciones en Ibiza, una película cuyo guion hizo a Clavier sentirse completamente subyugado: “El guion es muy sincero, porque, de hecho, habla de la vida. Me gustó mucho el texto y, cómo no, la localización. Ibiza siempre ha tenido algo muy cinematográfico, no solo ahora, sino desde hace años, desde la época de los hippies. Es una isla completamente mediterránea”.

Imagen de ‘Un verano en Ibiza’ © 2019 Nicolas Schul – Atelier de Production, Gaumont. Distribuida en España por A contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

A pesar de lo bello del paisaje, en la película el personaje de Clavier (Philippe) debe lidiar con los hijos adolescentes de su pareja, lo que le empuja a las situaciones más descabelladas, todo ello aderezado con un calor sofocante: “A pesar de todo, rodar allí fue muy sencillo. Me lo pasé muy bien interpretando al personaje, y teniendo que lidiar con estos niños que, al principio, intentan parecer insufribles y se divierten tratando de ser desagradables”.

Imagen de ‘Un verano en Ibiza’ © 2019 Nicolas Schul – Atelier de Production, Gaumont. Distribuida en España por A contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

En su nueva película, Clavier vuelve a coincidir con Arnaud Lemort, con quien ya había trabajado en L’entente cordiale (2008, Vincent De Brus). Sin embargo, aquella vez Lemort ejercía exclusivamente de guionista, siendo en este caso director de la película: “En efecto, ya había trabajado con él, pero en esta ocasión ha sido todo mucho más sencillo que en la anterior película. Además, Lemort es un melómano exquisito, toda la música de la película fue elegida por él personalmente. La banda sonora es muy actual, porque tiene muy buen gusto musical”.

Imagen de ‘Un verano en Ibiza’ © 2019 Nicolas Schul – Atelier de Production, Gaumont. Distribuida en España por A contracorriente Films. Todos los derechos reservados.

Además de la música, Un verano en Ibiza posee muchos otros elementos interesantes. Entre ellos, un más que explícito homenaje a Éric Rohmer (o mejor dicho, a Julio Verne) y su cinta El Rayo Verde (Le Rayon Vert, 1985). También posee un gran reparto, encabezado por su coprotagonista, Mathilde Seigner: “Rodar la película fue muy agradable y, en ella, hay escenas realmente divertidas. Por ejemplo, recordarás que hay una que sucede en Formentera, en la que mi personaje se encuentra en una situación de gran malentendido en un restaurante de marisco”, lo confirmo mientras prosigue: “Pues bien, todos los actores con los que trabajo en esa escena son intérpretes de drama, sobre todo Olivier Marchal quien, de hecho, fue policía antes que actor y director” sonrío porque imagino lo que va a decir, y tardo pocos segundos en confirmar mis sospechas: “En esa escena Marchal intenta ahogarme en el mar ¡y lo hace con toda su fuerza! Me sumergía en el agua y volvía a sacarme una y otra vez. Fue algo muy divertido, pero muy impresionante a la vez. Una de esas escenas para no olvidar”.

Termina la entrevista y me alejo con la sensación de haber despedido a un familiar o a un amigo íntimo. Mientras me dirijo a mi destino y la canícula, la polución y el ruido vuelven a adquirir todo su protagonismo, recuerdo las palabras que me ha confesado justo antes de salir. Evocándolas, me doy cuenta de que Clavier ha llegado a la cima por ser realmente extraordinario: “Soy tan afortunado de contar con tantos directores jóvenes que quieren filmar conmigo, que no hago planes porque desconozco qué papel me van a ofrecer en los próximos meses. No tengo ningún sueño preconcebido, solo dejo que venga lo que quieran ofrecerme. Porque es la mirada de los otros la que te aporta algo. Si lo dirigimos todo en este oficio, se pierde la magia”.

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