Título original: Eiffel. Año: 2021. Duración: 109 minutos. País: Francia. Dirección: Martin Bourboulon. Guion: Thomas Bidegain, Caroline Bongrand, Martin Bourboulon, Martin Brossollet, Natalie Carter. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Mathias Boucard. Reparto: Romain Duris, Emma Mackey, Pierre Deladonchamps, Armande Boulanger, Juliette Blanche, Michèle Clément, Julien Sarazin, Philippe Hérisson, Bruno Raffaelli, Pierre Le Baleur, Alexandre Steiger, Andranic Manet, Jérémie Petrus. Producción: Pathé. Género: Drama, biopic.

Imagen de ‘Eiffel’ © 2021 Pathé. Todos los derechos reservados.

“Soy un hombre con una idea superior de él  mismo”.
La meditación de un hombre ante la ciencia desde el cielo de París al final del siglo XIX, es el arranque de una película de época con momentos lumínicos y planos intimistas. De lo feo a lo bello a través del amor expresado sobre el hierro del gigante de Eiffel. Encuentros con el color sepia y la comedia de la vida; ese yerno inesperado, ese reencuentro del pasado en una mujer que ya es de otro hombre, con un primer plano del rostro perfilado por la luz de una vela, como si de una serigrafía fotográfica se tratara. La película de Martin Bourboulon filma cómo la pasión mueve al ser humano en el desarrollo de su ingenio, como Rodin y Camille Claudel. Romain Duris (Eiffel) encarna la intuición de un artista rebelde que busca lo genuino en sus trescientos metros de metal, donados a los ciudadanos del mundo,  y que se atreve, de la misma manera, a violar las reglas de la intimidad entrando en la habitación de la mujer del pasado, perdido en su vulnerabilidad.

Imagen de ‘Eiffel’ © 2021 Pathé. Todos los derechos reservados.


Un flashback nos transporta a la juventud extraviada entre la naturaleza y los dibujos de papel, trasgresión de un artista renacentista que se incluye en escenas que parecieran estar sacadas de cuadros de Renoir. 
Es la aparición de Emma Mackey (Adrienne),  joven actriz de increíble fotogenia que personifica el amor idealizado de Gustave Eiffel, desafiante arrojándose al río en una noche iluminada por la luz de una hoguera que baña el incipiente deseo de los amantes, en la fotografía de Mathias Boucard, quien retrata el avance de la ciencia en ese París de fin de siglo y el crecimiento de las pasiones internas, componiendo planos de acertada plasticidad, donde la atmósfera lumínica dota de un sentido romántico a gran parte de las imágenes: un vestido que se pierde en el fondo del río, de la misma manera que se estravian  entre su pasión. “La vida me ha ayudado a no fiarme de las sorpresas”…la obsesion de su torre y de su corazón, un líder de la audacia ante su desafío arquitectónico. “Necesito hombres de buena voluntad  sin capacidades específicas y sin vértigo…”

Imagen de ‘Eiffel’ © 2021 Pathé. Todos los derechos reservados.

Este es el diálogo de la película, muestra del equilibrio entre mente y corazón  desbordado en un baile ante la atenta mirada del esposo de ella, acompasado por la partitura de Alexandre Desplat (Óscar por El Gran Hotel Budapest y La forma del agua), notas que escriben versos con la misma luz de la cinta; sutileza que quizás se escapa en nuestra posmodernidad y que pudiera parecer pereclitada. Una escena íntima de la infidelidad furtiva al contemplar una caricatura de Eiffel en el periódico, el despecho del marido humillado que trata al genio como su lacayo al encender el motor del coche… una película con la armonia de un certera planificación.

Documental y ficción en una puesta en escena que pasó absolutamente desapercibida para el público en 2021. Un paseo silencioso por el río con la sombra del abandono: ” hacía veinte años que tenías que haber venido”. Decía Baudelaire “el amor puro es un sol que absorbe todas las demás tareas”… El precio de la torre ha sido pagado con la renuncia a la felicidad, por ello, nunca podrá ser desmontada. Será un símbolo para la eternidad.
Eiffel. 

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