Lucía Tello Díaz

A estas alturas, a nadie le habrá pasado desapercibido el Goya de Honor 2026, concedido al cineasta, guionista, escritor, periodista e intelectual Gonzalo Suárez. De lo que quizá menos gente se haya percatado es de que Suárez es, además de un sabio en innumerables facetas, un hombre extraordinario, gran amigo y audaz conversador.

Gonzalo, permítanme las confianzas, es ovetense de nacimiento, aunque me consta que su patria tiene más de cine y de literatura que de coordenadas geográficas. Se acercó a la ficción para entender mejor la realidad y eso, en manos de un erudito como él, es una potente arma que ha empuñado implacablemente. Porque Suárez, desarrollando el más heterodoxo de los ánimos, aguzó sus sentidos y pudo percibir con claridad palmaria que el mundo, el que dicen que nos rodea, tenía más fallas que aciertos. 

Imagen de Ditirambo, uno de los muchos alter ego de Gonzalo Suárez

La iconoclasta Barcelona de los sesenta acogió a Gonzalo, y fue allí donde desarrolló sus dotes periodísticas mientras se aproximaba a una generación cinematográfica que cambiaría su vida. Mientras en Madrid tomaba impulso el Nuevo Cine Español de Carlos Saura, Basilio Martín Patino o Mario Camus, el cine catalán discurría por derroteros rayanos en la nouvelle vague, espoleados por autores como Joaquím Jordà, Pere Portabella o el propio Gonzalo Suárez, el más asturiano de los directores catalanes o, tal vez, el más catalán de los cineastas asturianos.

Tras consagrarse en el periodismo bajo el seudónimo de Martín Girard, y conseguido el éxito editorial con títulos icónicos como De cuerpo presente (1963), Los once y uno (1964), Trece veces trece (1964) y El roedor de Fortimbrás (1965), de pronto, su horizonte literario comenzó a establecer concomitancias con el cinematográfico. Rocabruno bate a Ditirambo (1966) fue el libro que unió ambos mundos, creando un personaje de ficción (a la postre, sosias del propio Gonzalo Suárez) llamado Ditirambo, al que encarnaría en celuloide. No fue su primer cortometraje, ese puesto ya había sido ocupado por El horrible ser nunca visto(1966), pero Ditirambo vela por nosotros (1967) era la más suarecina de sus criaturas, palpitante y detectivesca, bebiendo de la tradición de Dashiell Hammett y Raymond Chandler de la que tanto gustaba.

A él volvería en su largometraje Ditirambo (1969) y, años después, en Epílogo (1984), película que llevó a Cannes a Paco Rabal, José Sacristán y Charo López, donde se alzaron con el Premio a Mejor Película en la Quincena de Realizadores.

Teresa Gimpera en la fantástica Aoom, un título emblemático de la filmografía de Gonzalo Suárez

Aunque nunca ha dejado de escribir (lo hace con fruición y a todas horas, más como modo de vida que como profesión), el cine jamás abandonó a Gonzalo Suárez. A títulos como El extraño caso del doctor Fausto (1969), La Regenta (1974) o Morbo (1971) siguieron otros como Aoom (1971), auténtica joya outsider del cine español, con una Teresa Gimpera en estado de gracia, a pesar de que el propio Gonzalo Suárez reconociera que Fritz Lang aborreció la cinta al verla en su proyección en San Sebastián, donde ejercía de presidente del jurado. A quien le apasionó su metraje, su estética y su ingenio fue a Sam Peckinpah, amigo íntimo de Suárez a partir de entonces, de quien admiraba su talento a raudales. El director de Perros de paja o Grupo salvajeencontró en Gonzalo a un hombre tranquilo, no a la manera de John Ford, sino a la de la vanguardia: inesperado, sagaz, irreverente y profundamente lúcido.

Imagen de Hugh Grant como Lord Byron en Remando al viento

Tras series de éxito como Los pazos de Ulloa, en los ochenta, Gonzalo Suárez descubrió a un joven actor de las tablas londinenses llamado Hugh Grant, a quien el director entregó el papel de Lord Byron en Remando al viento (1988). El propio Gonzalo me confesó, en nuestros prodigiosos almuerzos que devienen cenas, que tuvo ocasión de contratar a Daniel Day-Lewis para el papel, pero prefirió la sensibilidad y dulzura del rostro de Grant. En esa cinta, además, también concedió a la gran pantalla a Elizabeth Hurley, siendo Gonzalo quien unió a esta pareja que, más tarde, el tiempo y algún otro factor acabarían por separar. Remando al viento fue la mejor película del año, se alzó con seis Premios Goya y le granjeó a su autor una inesperada sensación de visibilidad mainstream que no había tenido hasta el momento y nunca pareció necesitar. De hecho, no tardó en regresar al cine más personal con El lado oscuro (1990), El detective y la muerte (1994) o Don Juan en los infiernos (1991), para refrendar su personalidad al margen de blockbusters.

Mientras consolidaba una carrera literaria, Gonzalo no dejó de luchar para reinventarse en el cine. Como buen boxeador, Suárez sabe que el ataque por sorpresa es la mejor manera de vencer al contrincante, y así entregó a la gran pantalla títulos tan sugerentes como El portero (2000), Oviedo Express (2007) o Alas de tiniebla (2021).

Detalle del póster de Endless Cinema (2019, Lucía Tello Díaz)

El talento de Gonzalo Suárez es inconmensurable, lo sé de buena tinta. Su gran conversación ha fortalecido una amistad que comenzó hace ya dos décadas, cuando, siendo aún estudiante, llamé a una puerta que transformaría el modo en que entiendo la vida. Desde entonces, Gonzalo ha estado presente en gran parte de mi tesis doctoral y dos de mis libros. También co-protagoniza mi documental Endless Cinema (2019), en el que, entre Michael Haneke, Agnès Varda o Isabel Coixet, menciona una frase que, para mí, lo significa todo: “El cine es mi lugar extranjero favorito”. 

Imagen de la presentación de Hablemos de cine (2016). En el centro de la imagen, Gonzalo Suárez. Tras él, Basilio Martín Patino junto a la autora, Lucía Tello Díaz. A la izquierda, Julia Montejo, Álvaro García Capelo. A la derecha, Azucena Rodríguez.

Por añadidura, Gonzalo tampoco ha dudado en leer, revisar, observar y matizar todo cuanto le he enviado o he escrito. He de decir que también él ha compartido conmigo guiones, textos, ideas y proyectos, que yo he leído con deleite, siendo consciente de que cada frase que Gonzalo escribe es una lección de vida.

Es tal mi admiración que, cuando cumplió 90 años, presenté una serie de programas en la Televisión del Principado de Asturias a la que titulamos “Querido Gonzalo”, como una carta de amor a cada una de sus películas.

Sé que Gonzalo Suárez tiene un palmarés capaz de hipar al más curtido, que es Premio Nacional de Cinematografía, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Caballero de las Artes y las Letras de Francia y Caballero de la Orden de Alfonso X el Sabio, pero, para mí, Gonzalo es mi amigo, es aquel desconocido perspicaz que, al verme por vez primera, me espetó impune y certeramente: “Tú dirigirás cine”. 

Programa de TPA «Querido Gonzalo» emitido en los meses de julio, agosto y septiembre de 2024.

Gonzalo es ese genio tranquilo que se toma su tiempo para triunfar, pero cuyo triunfo es haber conseguido una carrera extraordinaria sin perder un ápice de su esencia, de su humor, de su surrealismo y de su alma. Por eso somos amigos, porque a pesar de la diferencia de edad, que hace que él sea infinitamente más joven que yo, he encontrado en él al mejor referente.

Gonzalo es todos los aforismos que sabe y escribe, todas las películas que ha visto y rueda, todas las amistades que ha cultivado y quiere. Por eso, este año la Academia de Cine no da un Goya de Honor a Gonzalo Suárez, sino que tiene el honor de que Gonzalo Suárez reciba un Goya.

Muchas felicidades, querido Gonzalo.         

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