Mi queridísimo (y añorado) Walt:

A ti quería dedicar el artículo del perfil de este mes.  ¿Quién, de todos los directores del cine, lo merece más que tú? Habrá muchos directores con talento (Ford, Hawks, Hitchcock, Wilder, Allen, Spielgberg…), pero ninguno, ninguno de ellos supo transmitir esa felicidad, esa bondad que destila Mickey, la humanidad de Donald, la dulzura de Blancanieves, la inocencia de Dumbo… ¡Hay tanto talento en tus manos!

blancanieves

Así como tuviste una infancia feliz, en una granja de Missouri, jugando con tu pequeña hermana Ruth, quisiste que todos los niños pudieran disfrutar alegremente de esa inocencia siempre.  Fue en esos primeros años cuando descubriste tu amor por el dibujo y tu afición a los trenes.  ¡Quién te iba a decir a ti que más tarde te dedicarías a ello profesionalmente! Pronto tuviste que ayudar a tu padre repartiendo periódicos, y eso te causaba no pocos trastornos a la hora de estudiar… No fuiste un empollón, pero ¿y qué? Como buen artista tienes alma de soñador. Guardabas en secreto ese don tan preciado que Dios te dio, que esperaba a ver la luz en el momento adecuado. Mientras tanto te dedicabas a vender periódicos y chucherías en el Ferrocarril de Santa Fe (ahora entiendo por qué uno de los hoteles de Eurodisney se llama así) y publicabas historietas de temática política en el diario del instituto en plena Primera Guerra Mundial… Y tanto te involucraste, que tras un intento fallido de enrolarte en el ejército, lograste entrar en la Cruz Roja, no sin falsificar tu fecha de nacimiento.
walt disney

Pero había en tu corazón un ansia de desarrollar el arte que llevabas dentro, y por ello, te trasladaste a Kansas City donde trabajaste realizando anuncios con animación, y entusiasmado fundaste en 1922 la empresa Laugh-O-Gram Films, Inc. en la que realizabas cortos de animación basados en cuentos infantiles. El destino te llevó a Hollywood, donde con tu familia decidiste sembrar una semilla: el Disney Brothers Studio, comenzando con una serie de películas no animadas, Alice’s Wonderland como director, y siguiendo con una serie de animación sobre un conejo llamado Oswald, el cual te dio mucho éxito, pero tras un tira y afloja con Charles Mintz, uno de los peces gordos de la Universal, tuviste que ceder los derechos de Oswald a la productora. Pero como nada es por casualidad, este revés del mundo del cine hizo que te decidieras a crear tu propio personaje: un ratón, que en principio bautizaste como Mortimer, y que más tarde tu mujer, Lillian, haciendo gala de su buen gusto, le cambió a Mickey. Y con Mickey nació una nueva forma de hacer cortometrajes de animación.  Apareciendo por primera vez en el cortometraje Plane Crazy, en 1928, pero sin convencer a los distribuidores. Con Streamboat Willie, esta vez un corto sonoro, este pequeño ratoncito, de orejas negras y sonrisa perenne, desde ese momento robó el corazón a medio mundo, incluso al mismísimo presidente Franklin Delano Roosevelt.  Mickey representa la bondad, el buen humor y la nobleza de corazón. Teniendo su propia tira de cómic, en los años 30, se convirtió en la estrella animada  (y mimada) de América, tanto que la sociedad de naciones le premió con la medalla de oro en 1935.  El único dibujo animado que ha tenido ese honor. Pero además de tus cortos, también comenzaste a filmar pequeñas películas tituladas “Silly Simphonies”, una de las cuales, Flowers and Trees, ganó el Oscar al mejor Cortometraje de animación, en 1932, así como el Oscar Honorífico que recibiste por la creación de Mickey ese mismo año. Sin embargo, querías aspirar a más, lo que te llevó incluso a poner todo tu dinero en el proyecto, arriesgando el todo por el todo. Blancanieves y los siete enanitos fue el primer largometraje animado en lengua inglesa y todo un taquillazo en 1938, recaudando casi 8 veces más su coste. Un éxito sin precedentes que te concedió un Oscar sólo creado para esa ocasión, y  te permitió fundar un nuevo estudio más grande, que dos años más tarde producirían otros dos largometrajes: Pinocchio y Fantasía, ésta última un proyecto muy arriesgado, que casi te lleva a la ruina. ¿Por qué no hacer que los dibujos sientan, bailen, se fundan con la música, creando algo nuevo? Nunca lo entenderé, pero inexplicablemente Fantasía fue un fracaso. Y digo inexplicablemente porque fue la mejor película de tu vida. Mi adorada Fantasía, gracias a la cual me enamoré de Tchaicovsky, a mis recién estrenados diez añitos.  Descubrí un mundo donde los dibujos bailaban, donde las notas se movían a ritmo de Bach, y el Monte Olimpo cobraba vida gracias a La Pastoral, de Beethoven.

fantasia

Fotograma de Fantasía

Ah, pero no todo era arte y cine, también hiciste tus pinitos en el FBI, de agente secreto.  Sí sí, mis queridos lectores, habéis leído bien: ¡agente secreto! ¿Y qué hacías tú de agente secreto por ahí? Bueno, es comprensible, eran los primeros años de la guerra fría y tu patriotismo bullía por dentro otra vez, querías ayudar a tu país. ¡Si hasta te nombraron “agente especial de contacto”! Pero volvamos al arte, que es lo que más te hacía feliz: Recordemos el resto de películas que ya forman parte de nuestra vida: Dumbo, Los tres Caballeros (injustamente ignorada y poco valorada), Alicia, Cenicienta (tu favorita y el personaje con el que más me identifico), Peter Pan (La primera película que yo vi en cine), La Dama y el Vagabundo, 101 Dálmatas, la Bella Durmiente… Y por supuesto no dejaste tus cortos en los que nos ibas presentando a la “familia” de Mickey, que cada vez crecía más y más, con Pluto, Donald, el Tío Gilito larguísimo etcétera.

Entonces empezó a tomar cuerpo una idea que poco a poco fue creciendo en tu interior: el parque temático de Disneyland, para que pudiéramos disfrutar como enanos, literalmente, siempre que quisiéramos. Para poder ser la princesa Aurora, o sentirnos como Alicia buscando al Conejo Blanco, por todo el país de las maravillas, o cantar con Mowgli aquello de “Busca lo más vital, no más…”, siempre que quisiéramos, que no se limitase a hora y media, sino que pudiéramos vivirlo directamente nosotros, y lo  mejor: compartirlo. Con sencillez, con humildad, siempre defendiste los valores que te inculcaron desde pequeño: el amor a la familia, fidelidad en la amistad, alegría, bondad, inocencia… Un adulto con corazón de niño, desbordante de ganas por compartir con los demás tu amor por el arte, especialmente con los más pequeños.

No quería despedirme sin recordar una frase tuya, que siempre me hace sonreír: “nunca olvidaré que todo esto empezó dibujando un ratón”.  Qué curiosa es la vida…

No sé qué opinarán el resto de mis lectores, pero yo no concibo mi infancia sin tus películas, sin tu forma de transmitir la vida a través de tu arte, una vida alegre, sencilla.  Hablándome de la bondad y la nobleza de corazón me enseñaste mucho, Walt. ¡Gracias por dedicar tu vida a hacer felices a los demás! ¡Hasta siempre!

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