Josh Radnor ha vuelto a las andadas como director en su segunda película, Liberal Arts (cuyo título en español es el -en mi opinión desafortunado- Amor y letras). Ni qué decir tiene que la sombra de Ted Mosby es alargada, como diría el otro, y en muchos de los gestos del protagonista de esta película podemos reconocer al que lleva las riendas de Cómo conocí a vuestra madre (2005), para la desgracia (o no) de Radnor. Pero más allá de encasillamientos o clichés de este tipo, la nueva película del director de Thankyoumoreplease (2010), aunque no deja mal sabor de boca, no deja de ser un quiero y no puedo de tintes intelectuales y que a la vez quiere no perder ese aire fresco tan característico del actual cine independiente estadounidense (tan bien llevado en películas como 500 días juntos de Marc Webb). Y, como suele pasar, mezclar no suele acabar bien si no sabes cómo hacerlo.

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“Amor y letras” – Copyright © 2012 Strategic Motion Ventures, BCDF Pictures y Tom Sawyer Entertainment. Distribuida en España por Avalon. Todos los derechos reservados.

Pero antes de nada, situémonos en contexto. Jesse (Josh Radnor) es un profesor treintañero que por una invitación de su antiguo profesor de universidad se ve de vuelta durante unos días, precisamente, en la facultad donde estudió. Allí conocerá a Zibby (Elisabeth Olsen), una estudiante de 19 años de la que acabará enamorándose. O eso creerá, ya que la diferencia de edad entre ellos hará que le entren las dudas y que se plantee muchas cosas sobre su posible relación y sobre su vida. En definitiva, entablarán una relación -en principio, amistosa- en torno a las letras y la música -todo con un aire muy intelectualoide– cuyo devenir se verá complementado por otras subhistorias como la del antiguo profesor de Jesse -que, al sentirse viejo, se ve perdido tras la jubilación-, la propia desorientación de Jesse frente a la madurez, una extraña obsesión del protagonista con su profesora de literatura romántica inglesa, la angustia existencial de un chico con problemas mentales o las apariciones nocturnas de un hippie bastante peculiar a las afueras de la facultad. Particularmente, me da la impresión de que Radnor quiso abarcar demasiado y se le fue de las manos -de hecho, el filme apenas llega a los 100 minutos y tiene alguna que otra escena sin mucho contenido narrativo-, llegando a quedarse en un nivel demasiado superficial de cada una de las historias que quería desarrollar. Pero centrémonos en la pareja protagonista. Ante todo, no estamos ante ninguna Lolita, qué va, Zibby no es ninguna nínfula de las que hablaba Nabokov; tampoco estamos ante ninguna femme fatale ni ante ninguna rara avis por la que no habría otro remedio que fascinarse: esta joven no es más que otra universitaria alocada -que se va de fiesta, tiene resaca, lee Crepúsculo y liga con el popular de la clase si le apetece hacerlo- que, como particularidad, escucha música clásica y siente interés por un profesor que le saca tres lustros de edad. La interpretación de Olsen -cuya sombra como gemela también es alargada a pesar de todo- tampoco destaca por nada especial y te deja con la duda de ¿qué puede haberle visto?. Por otro lado, y para ser justos, hablemos de él: el personaje de Radnor es -presumiblemente- un profesor con ansias intelectuales, que lee siempre el mismo libro en todas las librerías -nunca sabremos cuál-, que se indigna profundamente ante el hecho de que Zibby haya entrado en contacto con el libro de Stephenie Meyer -yo también lo haría- y que entra en una especie de éxtasis sensorial y en una cenestesia increíble cuando escucha a Beethoven -en su iPod-, y que… Ya está. Ahí acaba su gozo musical. Y su todo. Las referencias culturales son mínimas, hasta el extremo de referirse a libros que tiene en la mano -alabando lo buenos que son- sin llegar a mencionar títulos ni autores. Lo cual también te hace replantearte hasta qué punto es intelectual una película que se limita a criticar a Crepúsculo y a recomendar a Bram Stoker. Y nada más -dos o tres excepciones absurdas-. Lo cual no es malo per se, si no fuera porque la película se define como tal. Aquí el espectador deja de preguntarse ¿qué puede haberle visto? y comienza a preguntarse otras cosas, a las que Liberal arts no da respuesta.

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“Amor y letras” – Copyright © 2012 Strategic Motion Ventures, BCDF Pictures y Tom Sawyer Entertainment. Distribuida en España por Avalon. Todos los derechos reservados.

Siguiendo con esta historia de amor -que no llega a ser historia y que, creo, no llega a inspirar amor- tan especial, los problemas comienzan cuando el personaje de Radnor comienza a sentir dudas y a echar cuentas -algo muy poco recomendable si resulta que la chica no había nacido cuando tú eras un adolescente-. Aquí comienza un supuesto dilema ético en el que el filme tampoco profundiza demasiado, así que no podría decirse que se trate de una película cuyo trasfondo sea una enseñanza moral ni nada por el estilo, ya que este conflicto se aborda en apenas un cuarto de hora -como prácticamente todos los que van sucediéndose-. ¿De qué va esta película entonces? Me lo sigo preguntando. En resumen, podría aventurarme y decir que Josh Radnor quiso ser un intelectual como Éric Rohmer, hacer una película con los aires indie de 500 días juntos y plantear la más que trillada historia de Lolita, pero finalmente todo quedó en una película -sólo a ratos- entretenida y por momentos pretenciosa. Quién sabe, quizá con el tiempo vayamos a mejor, Ted… Que diga, Radnor.

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