Fred y Ginger, Ginger y Fred.  Dos nombres que van inevitablemente unidos entre sí. Como el blanco y el negro del celuloide clásico, el elegante sombrero de copa, la corbata blanca y el chaqué de Fred no se conciben sin los vestidos vaporosos y la sensualidad femenina de Ginger.  No, nadie puede olvidar la incomparable magia que había entre ambos.  Decidme, ¿quién no los conoce aunque sea de oídas? Hijo de un inmigrante austriaco católico y de una estadounidense luterana, Fred, que en realidad se apellidaba Austerlitz, tomó el apellido de Astaire para actuar en vodeviles más o menos notables con su hermana Adele, incluso triunfando en musicales de Broadway tan conocidos como “Funny Face” o “The Band Wagon”.  Por aquella época, Fred conoció al que sería uno de sus mejores amigos y con el que años más tarde cosecharía numerosos éxitos musicales: George Gershwin. Considerado el mejor bailarín del siglo XX, según el mismísimo Nureyev, dominaba todo tipo de danza: desde el ballet clásico al jazz, claqué, swing… tenía el increíble talento de hacer parecer fácil lo difícil.Pero el joven Fred no quería estancarse en el teatro, así que probó suerte en el cine, y después de que un “lumbreras” del casting de la RKO dijera de él: “No sabe cantar. No sabe actuar. Tiene entradas. Baila un poquito”, empezó con papeles pequeños, ya en un musical para la MGM con Joan Crawford, ya en una película para la RKO, con Dolores del Río, Flying down to Rio, donde tenía un papel secundario bailando al lado de una jovencísima Ginger Rogers, logrando robar todo el protagonismo a la pareja principal.

fred astaire y ginger rogers

Fotograma de Sombrero de copa © 1935 – RKO Radio Pictures. Todos los derechos reservados.

Hasta ese momento la carrera de Ginger también había sido algo corta, pues hasta entonces sólo había hecho papeles poco importantes en pequeñas películas (Night in the Dormitory, A Day of a Man of Affairs y Campus Sweethearts) en algún que otro cortometraje y en el teatro… A la joven Virgina Katherine McMath, apodada por sus primos Ginger, ya le picaba el gusanillo del baile desde pequeña, pues había participado en varios espectáculos de vodevil e incluso había ganado un concurso de charleston. Así como Astaire, ella también quiso aventurarse en Hollywood, y pese a que se habían conocido ya en el musical de Broadway “Girl Crazy”, no coincidieron como pareja artística hasta el año 1933, cuando el destino la llevó a participar en su primera película con Fred, la anteriormente mencionada Volando hacia Río. Ése fue el punto de inflexión en las vidas de ambos y el comienzo de la leyenda.  Después de que el público pidiera a gritos verles juntos otra vez en la gran pantalla, filmaron seguidamente ocho películas más, pero esta vez siendo ellos la pareja protagonista,  siempre con la RKO: desde The Gay Divorcee (La alegre divorciada, en 1934),   Roberta (1935), pasando por Top Hat (Sombrero de copa, 1935), Follow the Fleet (Sigamos la flota,1936), Swing Time (En alas de la danza, 1936), Shall we Dance (Ritmo Loco, 1937) la mejor de ellos dos en mi opinión, y Amanda en 1938, terminando la tanda con La historia de Vernon e Irene Castle, en 1939.

Después de filmar ésta última, Fred y Ginger siguieron sus carreras por separado, aunque se unirían una vez más para The barkleys of Broadway, una década más tarde. Rogers tuvo bastantes triunfos personales en solitario (Estrella de medianoche, 1935) junto a William Powell; En persona (1935), Damas del teatro (1937) de Gregory La Cava junto a Katharine Hepburn en una de sus mejores interpretaciones no musicales; Un ardid femenino (1938) junto a James Stewart o La muchacha de la quinta avenida (1939), también de La Cava. Después decidió que no quería volver al musical y tras protagonizar Mamá a la fuerza, le llegó el papel que, aunque no fuera su mejor interpretación, le daría el Oscar a la mejor actriz: Espejismo de amor en 1940. Tras lograr la estatuilla le llovieron muchos papeles, entre los que yo destacaría el curioso debut en Hollywood de Billy Wilder El mayor y la menor (1942), Once upon a honeymoon (Leo McCarey, 1942) y la delirante Me siento rejuvenecer (Howard Hawks, 1952), estas dos últimas junto a Cary Grant.

Fred por su parte intentó tener la misma suerte con otras parejas de baile. Realizó un incontable número de musicales sin Ginger, sobre todo en la década de los 40 y 50, entre otras Broadway Melody of 1940, con Eleanor Powell; enamorando a Rita Hayworth vestido de uniforme militar en Desde aquel beso y también en You were never lovelier (1942). Con Judy Garlad trabajaría en Easter Parade (1948), repitiendo The Band Wagon, pero esta vez con Cyd-“Las-mejores-piernas-del-cine”-Charysse sustituyendo a su hermana Adele. Compartió cartel con Leslie Caron en Daddy Long Legs (1955), y cayó bajo el hechizo de la adorable Cara con ángel (1957) de Audrey Hepburn. Más tarde incluso probó con dramas bélicos y de catástrofes como On the beach (1959), que trataba sobre la guerra nuclear y El coloso en llamas (1974), respectivamente, logrando su única nominación al Oscar. Sin embargo el público, aunque reconociendo su éxito y demostrándole su cariño y devoción, echaba de menos la magia que sólo tenía con Ginger. Y no es que sus películas por separado no fueran buenas, lo eran, pero es que Fred y Ginger tenían una química especial, que nunca se volvió a repetir en ninguna otra pareja cinematográfica. No eran simplemente buenos.  Eran los mejores.

Incluso marcarían una forma diferente de hacer cine musical. Astaire innovó la manera de filmar todo un número de cante y baile logrando hacerlo en una sola toma, algo que no se había hecho hasta entonces y que nadie tampoco ha conseguido repetir (¡Ja!) en ningún otro estilo musical posterior hasta la fecha. También era necesario que los números musicales estuvieran integrados en el argumento de la película: este hecho influyó muchísimo en los musicales de las décadas posteriores, sobre todo hasta los años 60.

Consiguieron demostrar su inmenso talento, así como su vena cómica, y su química en la pantalla, que era mucha. Parecía que la magia y el romanticismo se unían con el ritmo y el humor, demostrando que la comedia musical no tenía nada que envidiar al drama en cuanto a interpretación y éxito de público.

Las películas de Fred y Ginger reflejaron la época de la Gran Depresión, cuando la sociedad estadounidense intentaba salir adelante, olvidando las miserias, y la pobreza.  Fue en ese momento cuando las comedias clásicas tuvieron su mejor cosecha. En el terreno musical nuestra mítica pareja destacó, entre decorados art decó y argumentos casi absurdos, donde predominaban los enredos amorosos y los diálogos surrealistas (“¿Srta. Keene, es Ud. la Sra. Petrov, o Sra. Petrov, debería llamarla Srta. Keene?”, como preguntaba un estupefacto Eric Blore en Ritmo loco). Sus números musicales, además de divertidos, era originales, como el baile con patines que se marcan en un parque de Nueva York en Shall we dance?, o el concurso de bailes por parejas en Sigamos la flota. Los espectadores olvidaban esos difíciles tiempos viendo cómo Fred y Ginger bailaban embelesados bajo la batuta de Gershwin. Entonces el tiempo se detenía: los hombres se imaginaban encandilando a Ginger Rogers, enfundados en sus chaqués y las mujeres soñaban (y siguen soñando, como una servidora) con bailar entre los brazos de Fred Astaire.

Ginger Rogers ha sido sin duda la mejor pareja de baile de Astaire, pero ¿por qué -se preguntarán algunos- si es reconocido que Cyd Charisse tenía mejor técnica en la danza que ella, o que Jane Powell poseía una voz prodigiosa que Ginger no tenía, o que Rita Hayworth era más cautivadora que ella? Ni siquiera nuestra amadísima Audrey Hepburn podía rivalizar con Ginger en eso. Así pues, ¿Qué la hace tan especial? Pues que se complementaba perfectamente con Fred. Era su perfecto contrapunto, si Fred era la elegancia, Ginger le daba el punto picante a la trama y a los números musicales, siempre refinada, pero también pizpireta y descarada. Porque desde el primer fotograma ya formaban un dúo interpretativo, porque se entendían sin hablar, y  sobre todo, porque más que bailar parecía que flotaban en un paraíso donde sólo existían ellos dos y la música de Berlin de fondo… “Heaven… I’m in Heaven, and my heart beats so that I can hardly speak”…  Ah, mis queridos lectores, eso es Arte, y lo demás tonterías.

La mejor pareja de cine de la historia de los años 30 era irónicamente la peor en la vida real, pues es de sobra sabido que no se aguantaban, prueba de ello es que en ninguna de las películas que hicieron juntos se les ve besarse… En lo personal Ginger tuvo una vida sentimental bastante agitada: se casó y divorció hasta 5 veces. Activista republicana junto a su madre, murió de una angina de pecho en 1995, no sin antes recibir el Oscar Honorifico a su carrera 3 años antes; galardón que nunca obtuvo Fred, hecho que demuestra lo terriblemente injusta que es a veces la Academia de Hollywood para juzgar los trabajos de sus propias estrellas. El mejor bailarín e intérprete musical que ha dado la historia del cine se quedó sin el reconocimiento de sus propios colegas.¡Ah, qué irónica es la vida!

Sin embargo Fred y Ginger siempre formarán parte de la historia de la antología del cine: belleza, armonía, agilidad, elegancia y romance son palabras que pueden describir la huella que dejaron en nuestros corazones, pero soy de la opinión de que una imagen (o más bien escena) vale más de mil palabras, así que con vuestro permiso, me despediré hoy con la que es para mí la mejor de toda su filmografía juntos, sin duda el momento más romántico de mi pareja favorita. Fred cantando “They can’t take that away from me” a Ginger en un ferry, rumbo a Nueva York en Shall we dance?:

Our romance won’t end on a sorrowful note, Though by tomorrow you’re gone; The song is ended, but as the songwriter wrote, The melody lingers on… They may take you from me, I’ll miss your fond caress. But though they take you from me, I’ll still possess….

…The way you wear your hat The way you sip your tea The memory of all that No, no, they can’t take that away from me The way your smile just beams The way you sing off key The way you haunt my dreams No, no, they can’t take that away from me We may never, never meet again On the bumpy road to love Still, I’ll always, always keep the memory of… …The way you hold your knife The way we danced till three The way you changed my life No, no, they can’t take that away from me No, they can’t take that away from me

2 comentarios

  1. MARTHA MARIA GOMEZ 13 mayo, 2016 at 12:45 pm

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    como podría conseguir películas de este señoron del baile FRED ASTAIRE…DE PREFERENCIA CON GINGER R

    • La Firma

      La Firma 30 mayo, 2016 at 8:55 am

      Responder

      Estimada Martha, seguro que encuentras en cualquier videoclub online películas clásicas a buen precio. ¡Un saludo!

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