Jim Jarmusch, uno de los estandartes del cine independiente estadounidense, creó en 2005 una película excéntrica, rara, peculiar, original, singular… En fin, lo que viene siendo una película de Jarmusch. El que fuera director de Dead man y Coffee and cigarettes, probó suerte con el género de la comedia en Flores rotas, y escogió, muy acertadamente, al estoico Bill Murray como protagonista.

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Flores rotas © producida por Focus Features, Five Roses, Bac Films, y distribuida en España por Vértigo Films (2005). Todos los derechos reservados.

La premisa argumental es sencilla: una suerte de viejo Don Juan, ya acabado y recién abandonado por su enésima novia -interpretada por Julie Delpy-, recibe un sobre de color rosa en el que se le revela la existencia de un hijo de 20 años. Ante tal descubrimiento, Don -Don Johntson, ojo- acude a su vecino -ojo con el vecino- Winston, el cual le acaba embarcando en un viaje que abarcará miles de kilómetros, veinte años y cuatro mujeres. En el aspecto narrativo, Jarmusch lleva a cabo una dirección sencilla e impecable. Los primeros planos de Don -llevados magistralmente por el imperturbable Murray- nos van mostrando la impasibilidad del personaje, el vacío absoluto, la insensibilidad paradójica de quien dedicó toda su vida, curiosamente, a sentir. Don recorrerá buena parte de la geografía esetadounidense para reencontrarse con cuatro amantes con las que compartiera cama 20 años atrás, en búsqueda de la madre de ese supuesto hijo recién descubierto. Estas cuatro mujeres -interpretadas de manera formidable por Frances Conroy, Jessica Lange, Sharon Stone y Tilda Swinton- irán desvelando a Don, de manera progresiva, el gran desengaño que puede suponernos a veces nuestra propia vida.

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Flores rotas © producida por Focus Features,  Five Roses, Bac Films, y distribuida en España por Vértigo Films (2005). Todos los derechos reservados.

En principio esta película no debería ser mucho más especial de lo que podría ser cualquier otra comedia con ligeros tintes románticos, pero Jarmusch va mucho más allá. Empezando por los excéntricos personajes -desde el vecino hasta el genial personaje de Lolita, la erótica hija de la primera ex-novia que visita-, pasando por el surrealismo de las situaciones que tendrá que pasar Don -situaciones incómodas, perros mágicos y moteros enfurecidos- y acabando, cómo no, por el final -ay-, este filme va encadenando de una manera absolutamente fluida los sucesos que componen el viaje que realiza Bill Murray al son de un disco de reggae.

En definitiva, a lo largo de los 105 minutos de duración, en los cuales no sobra ni falta ninguno, Don realiza un viaje -sobre todo interior- en el que descubrirá la implacabilidad del tiempo -de la que ni él mismo escapa- y se redescubrirá sí mismo reflejado en los ojos de esas cuatro mujeres. A veces encontrará caricias, a veces algún que otro golpe -en forma de indiferencia y en forma de nudillos- y finalmente tan sólo le quedará el silencio por respuesta, pero… ¿y qué? ¿acaso no somos todos la suma de las huellas que hemos ido dejando por la vida (de los demás)? Quizá la respuesta esté escrita con tinta roja.

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