Edda Kathleen Hepburn-Ruston Van Heemstra, más conocida por Audrey Hepburn, nació en Ixelles, una comuna de Bruselas el 4 de mayo de 1929. Aunque estudiaba en Inglaterra, en realidad residía en Holanda, con sus padres, un banquero inglés, Joseph Hepburn-Ruston y una aristócrata holandesa, Ella van Heemstra, y sus dos hermanos.  Pero en 1935 los padres se divorciaron y Audrey, que tenía apenas 6 años, dejó su colegio en Londres y volvió a Holanda, con su madre.

desayuno con diamantes

Imagen de Desayuno con diamantes © 1961- Jurow-Shepherd. Todos los derechos reservados

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, en 1939, y los alemanes ocuparon Holanda, la vida se convirtió en un infierno para Audrey y su familia.  Uno de sus hermanos fue llevado a un campo de concentración. El otro se perdió en los ataques de resistencia y un tío y un primo fueron fusilados.  Incluso ella misma colaboró como correo de la resistencia contra los nazis.  Cuando acabó la guerra, la vida en cualquier sitio de Holanda era prácticamente imposible, así que se trasladó a Inglaterra con su madre,  para comenzar su educación artística.

En Londres estudió Danza y Arte Dramático en la Marie Rambert School, y trabajó como modelo y poco después como bailarina teatral, e incluso como actriz, realizando pequeños roles en diversas películas. Su primer contacto con el cine fue en 1948 y le sirvió para adquirir experiencia y para poder presentarse con éxito en Broadway. Consiguió el papel principal de la obra musical Gigi, que estuvo seis meses en cartel, y en 1951 actuaba ya en películas, siempre como extra, claro está. Es una lástima que no existan filmaciones de este musical, habría sido curioso verla interpretando, y a la vez cantando ese papel que años más tarde inmortalizaría a Leslie Caron. Pero el salto definitivo al cine lo dio en 1952, cuando el director William Wyler le ofreció protagonizar una deliciosa comedia que más tarde le reportaría su primer Oscar como actriz principal, Vacaciones en Roma, con Gregory Peck como co-protagonista. Gracias a esta película triunfó en el mercado estadounidense, firmando un contrato con la Paramount, y demostrando ser, no sólo una mujer de singular belleza y elegancia, sino además, una buena actriz. A partir de ese momento, Audrey se convirtió en una de las actrices más populares y solicitadas en Hollywood, comenzó a filmar sin parar, realizando algunas  inolvidables interpretaciones en películas como la dulce  Sabrina de Billy Wilder en 1954,  Guerra y Paz, en 1956, o incluso en papeles más dramáticos en Historia de una monja (1959, de Fred Zinneman),  la inolvidable Desayuno con diamantes (1961, de Blake Edwards), Charada (1963, de Stanley Donen ), el musical My Fair Lady, en 1964   o Sola en la oscuridad, (1967, de Terence Young), y trabajando con los mejores actores del momento Cary Grant, Humphrey Bogart, George Peppard, o Rex Harrison, entre otros. Cuatro de estas películas (Sabrina, Historia de una monja, Desayuno con diamantes y Sola en la oscuridad) le valieron otras tantas nominaciones a los Oscar como mejor actriz. Personalmente, también le habría concedido ese mismo premio por su brillante interpretación de Eliza Doolittle en My Fair Lady, una de sus mejores películas. Sin embargo la Academia creyó más acertado brindarle ese honor a Julie Andrews por su papel en Mary Poppins… ¡Vivir para ver!

En el viejo continente también obtuvo varios premios: en 1958 logró el premio a la mejor actriz en el Festival de San Sebastián y el Bafta Británico en la misma categoría por Historia de una monja (repetiría este premio en 1963 por Charada). Audrey Hepburn no sólo encandiló al público que acudía en masa a los cines; también deslumbró en el mundo de la moda.  Fue en 1952, cuando conoció a Hubert de Givenchy, un apuesto diseñador que trabajaba para Dior.  En seguida, Givenchy se convirtió en su mejor amigo y el creador del «look Audrey»,  realzando la belleza de la actriz. En la época en la que las actrices de aspecto más voluptuoso, como Marilyn Monroe, Jane Russel, o Betty Grable, reinaban en las pantallas, ella aportó al cine un encanto nuevo; sus ojos alegres de gacela y sus largas piernas daban elegancia y esbeltez a su aparente (y sólo aparente) fragilidad, combinada con una fuerza interior y una inteligencia fuera de lo común.  Su personalidad y su estilo fueron dignos de una época inolvidable. Y aún hoy en día sigue siendo un icono de la moda y del cine: en este mismo año se subastó un traje que lució la actriz en la película Desayuno con diamantes por un precio de 467.200 libras (unos 700.500 euros) destinando el dinero a un proyecto, impulsado por el escritor Dominique Lapierre, para dos escuelas en Bengala.

Imagen de Sabrina © 1954- Paramount Pictures. Todos los derechos reservados

En 1954, su compañero de reparto en Sabrina, Gregory Peck, le presentó a un viejo amigo suyo, el  actor, director y escritor Mel Ferrer, del cual se enamoró y con el que más tarde se casó el 25 de septiembre del mismo año.  El 17 de julio de 1960 nació su hijo Sean, pero meses después el matrimonio se vio consternado ante la pérdida de otros cinco embarazos y en noviembre de 1968, después de quince años de matrimonio, se divorciaron.
En enero de 1969, se casó nuevamente con, Andrea Dotti, un psiquiatra italiano.  De este matrimonio nació su hijo Luca Andrea, el 8 de febrero de 1970.   Pero pronto le llegarían problemas a Audrey, al tener que soportar las continuas infidelidades en su vida conyugal, lo que le llevó a un irremediable divorcio, en 1976.  Después de quince años de éxitos sobresalientes en el cine, se retiró temporalmente para ocuparse de sus dos hijos durante algunos años, regresando con la historia final de Robin Hood, en Robin y Marian (1976), un film dirigido por Richard Lester.  Después de la cual en 1979 filma, en Nueva York, Lazos de Sangre, con Omar Sharif y Ben Gazzara. En 1983, la Academia de Hollywood decide galardonarla con un premio honorífico a toda su carrera: el Oscar humanitario Jean Hersholt por su labor como embajadora permanente de UNICEF. Su última actuación fue con el ya consagrado director, Steven Spielberg, en Always (1989), donde daba vida a un ángel, papel que le iba a la perfección,  haciendo que el espectador evocara la frase que más tarde se utilizaría en su funeral: “Si en el cielo existen los ángeles, estoy convencido de que deben tener los ojos, las manos, el rostro y la voz de Audrey Hepbrun”. Pero su papel más importante en la vida estaba por venir: En 1988 fue nombrada Embajadora de Buena Voluntad de UNICEF, y viajó por todo el globo demostrando su dedicación, por encima de su propia salud, ayudando a los niños necesitados que, como ella durante su infancia, sufrían guerras, enfermedades y hambruna en los países más pobres.  Los viajes a Sudán, El Salvador, Guatemala, Honduras y Vietnam marcaron los últimos años de su vida, demostrando una generosidad (ella misma estaba enferma de cáncer), una valentía y una solidaridad extraodinarias.  Audrey aplicó ese conocimiento de primera mano para informar a la Asamblea especial de las Naciones Unidas, compartió detalles con varias asociaciones de prensa, y recaudó fondos en nombre de los niños en muchos parlamentos del mundo.

En 1993, Sean H. Ferrer, Luca Dotti (los hijos de Audrey) y Robert Wolders (su compañero) crearon la The Audrey Hepburn Memorial Fund en los Estados Unidos para UNICEF, con el fin de conmemorar los esfuerzos humanitarios que hizo como Embajadora de Buena Voluntad en UNICEF.  Sean Ferrer actualmente gestiona la fundación, que hasta la fecha, ha recaudado más de 1 millón de dólares para programas educacionales en Eritrea, Ethiopia, Rwanda, Sudan y Somalia.  Cabe destacar la estatua que erigieron en su memoria, situada en la sede UNICEF de Nueva York, e inaugurada en el año 2000.
Sus últimos días los pasó acompañada de Robert Wolders en su casa de Suiza, hasta que falleció de cáncer de cólon el 20 de enero de 1993.

Pero el mundo no ha olvidado su sonrisa cautivadora, su belleza grácil y etérea, su figura esbelta y tenue, inmortalizada en el tiempo, una actriz versátil, capaz de ahondar en el drama, destacar en la comedia y en los musicales.  Sin duda, una mujer con una personalidad remarcable que supo dejar su impronta allá donde iba: en el cine, en la moda e incluso en la vida de aquellos que menos suerte tienen en la vida: los pobres y enfermos.  Cualidades todas ellas, que dignificaron su ya sencilla, humana y noble forma de entender la vida.

“Lo más importante en esta vida es disfrutarla, ser feliz, eso es lo que importa.” Audrey Hepburn.  Razón no le falta, ¿verdad?

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