«No he podido esperarte un año y un mes. No he podido esperarte hasta los 25 años. Pero te he esperado toda mi vida. »

Zhang Yimou tensa su arco con firmeza, fija en el objetivo su mirada certera, apunta y dispara. Y da en el blanco, vaya si lo hace. Amor bajo el espino blanco (Shan zha shu zhi lian en su idioma nativo) es una película que podría describirse en su plenitud con tan sólo dos palabras: belleza y tristeza. Basada en una novela sobre unos hechos reales acontecidos en la China de Mao, lo que en principio podría tratarse de una historia de amor más se convierte poco a poco en un relato de durísima ternura que, como poco, nos emocionará como hace tiempo no nos emocionaba una película.

amor bajo el espino blanco en todo es cine
Imágenes de “Amor bajo el espino blanco”, película distribuida en España por Golem © 2010 Beijing New Picture Film, IDG China Media, New Classical Entertainment y Film Partner International. Todos los derechos reservados

Jing y Sun (interpretados por los debutantes Zhou Dongyu y Shawn Dou), son dos jóvenes que serán no sólo piezas fundamentales sino también unos de los tantos afectados por el momento que les tocó vivir: la Revolución Cultural China. Jing, dulce e ingenua, es una estudiante que ha tenido que marchar al campo temporalmente para llevar a cabo su “reeducación”. Ella y su familia están pasando penurias -no sólo económicas- debido a que su padre está perseguido por ser opositor al régimen. Por otro lado, Sun es hijo de un militar de élite perteneciente al partido comunista. Ambos se conocerán cuando Jing esté realizando su reeducación y se enamorarán sin remedio en torno a las flores rojas del espino blanco que, según la leyenda, está bañado por la sangre que los héroes de China derramaron sobre sus raíces. Jing debe mantenerse alerta: cualquier error detectado por los ojos del Régimen podría acabar con su carrera como futura profesora y arruinar su futuro y el de su familia. Es por eso –junto a las diferencias sociales y económicas que les separan- que debe ocultar su relación con Sun, aunque éste se muestre implacable y la siga allá donde ella vaya. Sun, como si de su ángel de la guarda se tratara, velará por Jing en todo momento, y ella tan sólo podrá agradecérselo con una de sus numerosas y tristes sonrisas que nos dedica a lo largo de los 114 minutos que dura el film. Sus encuentros se reducirán a escapadas furtivas y a fugaces momentos escondidos, lo cual no impedirá que la atracción entre ellos aumente cada vez más. Conscientes ambos de su difícil destino, Jing le recuerda a Sun que su madre no le permitirá enamorarse hasta dentro de unos años. Él promete esperarla, si es necesario, toda su vida. “Palabras vacías”, dice la madre de Jing. Una realidad triste y hermosa, nos desvela Zhang Yimou. Un día, Sun desaparece y nada volverá a ser lo mismo.

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Imágenes de “Amor bajo el espino blanco”, película distribuida en España por Golem © 2010 Beijing New Picture Film, IDG China Media, New Classical Entertainment y Film Partner International. Todos los derechos reservados

Frente a lo que nuestros prejuicios puedan alertarnos sobre esta película, no se trata de un simple melodrama ñoño y triste que busque la lágrima fácil. Con una fotografía sublime (colores suaves y otoñales, encuadres de estética sencilla y limpia) y unos diálogos escasos pero más que suficientes, Amor bajo el espino blanco nos hace sonreír, amar e ilusionarnos al mismo tiempo y casi con la misma intensidad que sus protagonistas. Zhang Yimou, director de Sorgo rojo (1988), El camino a casa (1999) o Ni uno menos (1999), deja a un lado la acción de sus últimas películas (La casa de las dagas voladoras, 2004) para centrarse en una historia donde reina la delicadeza, donde incluso el aire parece tan frágil como la vida.

El romance entre Sun y Jing es puro, limpio y sutil, como todo el largometraje. Aunque en el tramo final nos arrastre inexorablemente al último punto en el que nuestros ojos querrían acabar, Amor bajo el espino blanco no deja esa sensación de abandono de otros dramas románticos, sino que deja en nosotros una atmósfera de calma. No negaré que esta película desmorona al más férreo de los cinéfilos (me declaro militante de ese grupo) y que los ojos se le humedecerán a más de uno. Lo que afirmaré sin duda alguna es que esta película deja una sonrisa en los labios y un soplo de aire caliente en el pecho que dura varios días.

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