a proposito de llewyn davis en todoescine

Título original: Inside Llewyn Davis.
Dirección y guion: Ethan Coen y Joel Coen.
País: USA.
Año: 2013.
Duración: 105 min.
Género: Drama, musical.
Reparto: Oscar Isaac (Llewyn Davis), Carey Mulligan (Jean), Justin Timberlake (Jim), F. Murray Abraham (Bud Grossman), Garrett Hedlund (Johnny Five), John Goodman (Roland Turner), Max Casella (Pappi), Ethan Phillips (Mitch), Jeanine Serralles (Joy).
Producción: Ethan Coen, Joel Coen y Scott Rudin.
Fotografía: Bruno Delbonnel.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Mary Zophres.
Distribuidora: Universal Pictures International Spain.
Estreno en USA: 20 Diciembre 2013.
Estreno en España: 1 Enero 2014.

 Llewyn Davis, o más bien su vida, es un desastre: sobrevive a base de lo que recoge pasando la gorra en los garitos donde toca y canta, y pasa cada noche en un sofá diferente. Vivir de la música no es tarea fácil, y vivir del folk en los años 60 como solista, menos todavía.En esta ocasión incluyo la banda sonora porque, aunque parezca bastante obvio, no se puede hablar de esta película sin los acordes de Oscar Isaac y Marcus Mumford. A propósito de Llewyn Davis trata sobre la música y es, a su vez, pura música. La nueva película de los hermanos Coen, que aún podréis disfrutar en algunos cines si os apuráis, está basada en las memorias de un artista folk que existió realmente (Dave Van Ronk) en los años 60, y que, al igual que Llewyn, pasó bastantes años vagabundeando por los barrios bajos de Manhattan, como tantos otros artistas de la época, como lo fue también Bob Dylan.

La historia de A propósito de Llewyn Davis es, una anti-historia. No me pregunten de qué va, porque no lo sé. Si leen las sinopsis que hay por internet, les venderán la moto de que se trata del viaje de un cantante sin hogar que sale de viaje hacia Chicago con la esperanza de que le produzcan un disco. Pero no. No hay esperanzas, ni hay disco. Posiblemente ni siquiera haya viaje. Y Llewyn lo sabe. Y el espectador, al final, también lo sabe.

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Imagen de A propósito de Llewyn Davis  – Copyright © 2013 Mike Zoss Productions, Scott Rudin Productions y StudioCanal. Todos los derechos reservados.

Podríamos pensar que Llewyn es una especie de Ulises embarcado en su propio viaje de introspección personal, pero uno no sale de su asombro cuando descubre que Ulises, es otro. No menos adorable, en todo caso. La andadura del personaje de Oscar Isaac comienza una mañana como cualquier otra, tras una noche conflictiva y tras levantarse del sofá ajeno de turno. Llewyn Davis es un personaje conflictivo, armado de desastres y desidia, pero que supura tristeza y mucho, mucho cansancio.Esta es una de las pocas veces en la que se nos presenta la vida bohemia como la antítesis de lo idílico. No por no tener abrigo ni dinero eres más poeta, resulta ser la moraleja del filme. Llewyn Davis renunció a una vida cómoda, sencilla pero fácil, como marino mercante en pos de la idea de vivir de su guitarra y su voz. ¿Sólo existir? No, para algunos, no es suficiente.

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Imagen de A propósito de Llewyn Davis  – Copyright © 2013 Mike Zoss Productions, Scott Rudin Productions y StudioCanal. Todos los derechos reservados.

Efectivamente, tras unos cuantos desencuentros de la más variada índole, Llewyn acaba en un viaje de lo más sórdido hacia Chicago, acompañado de un joven poeta beat que fuma más que habla y de un desagradable y acabado músico de jazz (interpretado genialmente por John Goodman, uno de los recurrentes de los Coen). Finalmente, el resto de los minutos de la película nos llevan a Chicago, y nos devuelven, junto a Llewyn, al Greenwich Village. Y, como suele pasar en una película de los Coen, cuando todo parece haber terminado, vuelve a empezar. Literalmente.

Aunque en algunas partes de su metraje (105 minutos, lo cual a este paso acabará convirtiéndose en una excepción que, en cualquier caso, se agradece) se hace más lenta de lo deseable, A propósito de Llewyn Davis acaba resultando una película de las que piensas nada más aparecer los créditos: pero qué buena, leche. Y cuando lo piensas al día siguiente, aún más. La fotografía no es nada desdeñable, habiendo momentos que para una servidora se acercan peligrosamente a la perfección. Préstenle especial atención a una de las escenas que conforman el episodio del viaje a Chicago, y no pierdan de vista a uno de los personajes más importantes de la película: el gato. Y es que el instante en el que el dorado felino y Oscar Isaac sincronizan sus miradas es simplemente increíble, digno de unos maestros como lo son los Coen.

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Imagen de A propósito de Llewyn Davis  – Copyright © 2013 Mike Zoss Productions, Scott Rudin Productions y StudioCanal. Todos los derechos reservados.

También cabe destacar que, para aquellos que tienden a encasillar a sus directores favoritos, esta no es una película clasificable como una de los Coen. Porque no, no lo es. No es una película a lo Fargo, ni  a lo Gran Lebowski (películas excelentes, sin duda). Aunque es obvio que los Coen tienen su sello personal y éste se manifiesta a lo largo de toda la película, A propósito de Llewyn Davis es, simplemente, diferente. Y merece mucho la pena. Para acabar, he de incidir todo lo posible en la banda sonora. Oscar Isaac pone voz, junto con Marcus Mumford, entre otros (como un sorprendente Justin Timberlake), a una de las mejores bandas sonoras que he visto en películas de este tipo. Para los aficionados al estilo folk de los años 60, sin duda esta es una película que, en cualquier caso, disfrutarán sobremanera aun con los ojos cerrados. Es también bastante presumible que A propósito de Llewyn Davis ha surgido fruto del fenómeno desatado por Searching for Sugar Man (o quizá no), pero también hay que señalar que esta extraordinaria película de los Coen no es comparable con el documental de Malik Bendjelloul. No es mejor, ni peor. Tan sólo juega en otra liga.

En definitiva, estamos ante una película que se vende como la historia de un músico, pero que en realidad no es más que el extracto de un par de días de la vida en ruinas de un don nadie. Como tantos hubo y hay, y habrá. Y aunque no seamos nadie, todos necesitamos nuestra propia Odisea, nuestro propio viaje introspectivo, y la búsqueda de una quimera que nos haga aguantar una noche más en un sofá andrajoso. Y que en los últimos minutos, suene Bob Dylan. Y au revoir.

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